UNA OBRA MILLONARIA PARA ORDENAR EL CRECIMIENTO URBANO EN EL OESTE
En los papeles, el Plan Integral para la Recuperación del Borde Oeste de la ciudad está bien avanzado. Luego del anuncio hecho por el propio gobernador hace casi un año, desde distintas reparticiones de la Municipalidad se hicieron relevamientos y se volcó información en planos, que son la carta de presentación del proyecto y la herramienta para tramitar los fondos necesarios. Doce millones de pesos serán necesarios para la proyección y ejecución de tres grandes lagos que servirán de reservorios en época de lluvias intensas como las que suele ofrecer, cada vez con mayor frecuencia, el clima de esta parte del Litoral.
Asegurar un mejor sistema de escurrimiento del agua es el objetivo central del área de Recursos Hídricos, pero el proyecto permitirá contar con nuevas superficies de tierra para urbanizar en el futuro, ordenar el crecimiento poblacional en el oeste y reubicar a las familias que hoy habitan en una zona de riesgo.
Sobre el escritorio del secretario de Asuntos Hídricos Horacio Ruíz están los planos que muestran la situación actual y el proyecto, tanto para el primer sector que abarca entre General López y Mendoza como para el segundo, de Mendoza a la autopista. En ambos casos el esquema actual se corresponde con líneas irregulares en el trazado de las calles, manzanas no definidas y viviendas que trasponen el territorio destinado a la acumulación de excedentes hídricos. El segundo plano permite proyectar los grandes lagos en los que se convertirían los actuales canales reservorios.
“Esos puntitos que se ven ahí son viviendas precarias que cada vez se van acercando más al lecho del río”, graficó Ruíz. “Ahí se va instalando la gente, en el bañado propiamente dicho; se van haciendo la casita y van avanzando”.
Mejorar la descarga de agua
Los reservorios son piletones que sirven de almacenamiento de los excedentes pluviales que descargan hacia el oeste. “La cantidad de lluvia que cae en el centro tiene que ser igual a la que se está bombeando y eso no se puede hacer ni en esta ciudad ni en ninguna”. El reservorio es -insistió- un lugar de almacenamiento; cuando termina de llover se sigue bombeando hasta que el agua es sacada hacia el río y ese espacio se seca.
“Teniendo en cuenta que las precipitaciones son mayores y va a aumentar el tiempo de recurrencia de las tormentas, la idea es transformar los canales de reservorio en grandes lagos”. Para eso hay que sacar tierra que luego va a permitir consolidar manzanas y, por detrás de Santa Rosa de Lima, hacer una costanera “que va a marcar un límite físico de avance de urbanización”. En definitiva, “se ganan 17 hectáreas, se consolidan calles y se urbaniza”, sintetizó Ruíz. Además se va a forestar y a acopiar suelo en forma permanente.
En resumidas cuentas los beneficios, puntualizados en el proyecto, consisten en aumentar la capacidad de embalse y reserva de los excedentes hídricos; transformar una gran zona de los terrenos susceptibles a asentamientos precarios en un gran espejo de agua, recuperar hectáreas aptas para la urbanización y a disposición del municipio y disponer de un acopio de suelo.
“Es una obra muy sencilla de explicar, muy sencilla para ejecutar y útil”, opinó el funcionario y añadió: “Directamente se va a ver beneficiada la gente que vive al oeste de calle Urquiza”. Según Ruíz, este proyecto figuraba ya en el Plan Director del año ’80 con el objetivo de poner un límite físico en el oeste de la ciudad.
Un fuerte trabajo social
Esta ambiciosa obra de ingeniería que, de concretarse, dotará a la ciudad de un mejor sistema de escurrimiento del agua de lluvia y de grandes superficies de tierra para urbanizar en un futuro, requiere de un plan integral que permita un reordenamiento coherente del borde oeste de la ciudad y la reubicación de las familias que hoy habitan en esa zona de riesgo. Ésta es precisamente la tarea a la que se abocó la Secretaría de Planeamiento Urbano de la Municipalidad, a cargo de Gustavo Giobando.
El primer punto a resolver es definir un límite entre la zona urbanizada y la destinada a reservorios que no puede ser habitada bajo ningún punto de vista. “Estamos evaluando que sea una calle, un paseo, un parque lineal”, dijo el secretario.
Planificar: la obra demanda estudiar traslados y relocalizaciones provisorias de familias mientras duren los trabajos hasta la radicación definitiva, incluso se evalúa proveer viviendas transitorias.
“Requiere de un trabajo social, de una planificación que permita ir trasladando progresivamente a la gente que se asentó en un área de alto riesgo hacia un lugar provisorio o que ya esté elevado. En las manzanas que están pobladas y se verán afectadas, deberá hacerse un relevamiento casa por casa para evaluar cómo está cada vivienda y si la casa ya fue levantada”, puntualizó.
Infraestructura y servicios
En lo que respecta a la urbanización propiamente dicha de la nueva traza será necesario, además de consolidar las manzanas existentes, trazar otras nuevas destinadas a viviendas, determinar áreas verdes y delimitar el parcelamiento con las proporciones óptimas del lote en función del nuevo trazado y de los requerimientos de la población.
Por supuesto que, como todo barrio nuevo, los que se consoliden en el borde más oeste de la ciudad necesitarán de obras de infraestructura y de servicios. Para esto, Planeamiento prevé la ejecución de cordones cuneta, mejorado de calles y veredas, extensión de la red de electricidad (alumbrado público y privado) y de agua, y servicio de evacuación de líquidos cloacales.
Para jerarquizar el espacio público, habrá que extender el plan de arbolado urbano, el programa de recuperación de plazas y paseos, articular espacios verdes nuevos con los existentes y dotar a la zona de equipamiento comunitario.
Un problema a resolver será el de estructurar el sistema vial nuevo con el existente de manera que se asegure a la nueva población la accesibilidad del transporte público y privado en sentido este-oeste y norte-sur. También se prevén extender las ciclovías.
“Probablemente no alcancen dos años de gestión para terminar la obra, pero una ciudad no se construye en dos años. Lo importante es establecer políticas y criterios de trabajo que sean permanentes. En Santa Fe -admitió Giobando- no tenemos continuidad en materia de planificación urbana”.
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