UNA OLA DE CALOR Y SEQUÍA CASTIGAN LA ECONOMÍA ALEMANA
Bares en la arena, playas artificiales en Berlín, nudistas asaltando los lagos de Brandeburgo. Pocas veces se habrá visto tanto sol y pasado tanto calor en Alemania. El seco verano 2003, alegría de turistas y nativos, está amenazando la agricultura y la navegación fluvial. Y el calor parece querer seguir.
Sobre todo en el este de Alemania, los campesinos temen pérdidas porque el nivel de precipitaciones fue en 2003 un 80 por ciento menor a los valores promedio. Debido al calor, los cereales maduran antes y obligan a cosechar con antelación.
El presidente de la Asociación Alemana de Agricultores, Gerd Sonnleiter, situó la cifra de pérdidas en alrededor de mil millones de euros y exigió ayudas de emergencia del Estado, así como el adelanto de créditos y de los subsidios de la Unión Europea. “Es una catástrofe, una situación tan mala como no la vivimos en décadas”, dijo Sonnleiter. “Y por más que empiece a llover, ya será demasiado tarde para muchos agricultores”, aseguró.
Las zonas más afectadas son Brandeburgo, en el este, y Baviera y Baden-Wurttemberg, en el sur de Alemania, que desde hace semanas registran temperaturas en torno a los 35 grados. El arenoso suelo de Brandeburgo, que rodea Berlín, parece un desierto debido a la escasez de lluvias. También están resecas zonas aptas, por ejemplo, para el cultivo de cerezas, un producto tradicional en la cocina alemana cuyo precio ahora se ha ido a las nubes, lo mismo que otras frutas y verduras. En el caso de cereales como la cebada, se llegó a perder hasta el 80 por ciento de la cosecha. Otros cultivos afectados son la remolacha azucarera, el maíz y las papas.
Y mientras tanto, los ríos se están secando. La navegación tuvo que suspenderse en el Oder y el Elba, que el año pasado provocaron tremendas inundaciones. En otros ríos se tuvo que reducir la carga a un mínimo o cerrar el tránsito para barcos de gran calado. El Rhin, que por su intenso tráfico de barcos más que nada parece una autopista, se encuentra en estos momentos con el caudal más bajo de los últimos 27 años para un mes de julio.
El problema de la bajada del agua de los ríos tiene que ver además con que se ha construido demasiado en las márgenes. “Faltan bosques y zonas húmedas que acumulen agua de lluvia y en épocas de sequía la liberen hacia los ríos”, declaró el jueves a la agencia DPA Gerd Billen, director de la Asociación Alemana de Protección de la Naturaleza (NABU).
Aunque en los últimos días se produjeron chaparrones, se trata de lluvias rápidas que el suelo absorbe y, por ende, no resuelven el problema de la sequía.
El pronóstico meteorológico indica que la semana próxima continuarán las temperaturas superiores a los 30 grados en Alemania. Mientras la juventud berlinesa descansa en los bares y las familias turcas armadas de una parrillita toman por asalto los parques, los campesinos alemanes se quejan no sólo del clima sino también de la caída de los precios de la leche y de la carne de cerdo, que están acabando con numerosas explotaciones chicas.
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