UNA SANTAFESINA RESPONSABLE DE UN SENSOR QUE IDENTIFICA ADN EN HORAS
La científica argentina María Isabel Pividori, de 33 años, es uno de los tres investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona que desarrollaron un sensor miniaturizado capaz de realizar con gran rapidez pruebas de ADN, el código de la vida, lo que puede tener una multitud de aplicaciones, sobre todo en la detección de focos infecciosos.
“Este genosensor puede servir, por ejemplo, para la identificación de personas en la resolución de casos policiales, para la inves tigación biomédica, para monitorear el medio ambiente, para el desarrollo de drogas y fármacos de acción puntual, para identificar virus o bacterias, y para la prevención de enfermedades hereditarias”, explicó Pividori en diálogo con Clarín.
En las pruebas piloto realizadas en el Departamento de Genética y Microbiología de la Universidad Autónoma de Barcelona, los nuevos sensores detectaron una infección por salmonella en cuatro horas y media, mientras que por los métodos tradicionales se demora entre tres y cinco días.
El director de Investigación, Salvador Alegret, declaró que este invento da respuesta “a la demanda de análisis de ADN con dispositivos que no necesitan supervisión profesional. El próximo paso es la industrialización de los sensores, ya que la producción masiva del aparato permitiría un costo y una difusión similares a los kits de embarazo”.
“Hemos tenido un éxito después de la presentación que no imaginábamos. Estamos recibiendo muchos llamados de empresas y laboratorios para desarrollar aplicaciones para los genosensores”, explicó Pividori. Ella es graduada de la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe, institución a la que recuerda con gran cariño. La científica llegó a España en 1997, con una licenciatura en Bioquímica y una beca para cursar su doctorado, que finalizó en 2002.
“El sistema que hemos desarrollado está basado en unos sensores del tamaño de una uña, electroquímicos y miniaturizados, que tienen una sonda con fragmentos de ADN que son complementarios a los que se quiere detectar. Cuando se produce un contacto entre el sensor y la muestra elegida, las dos cadenas de ADN complementarias se unen. Esto provoca una corriente eléctrica que se traduce en una señal visible para el usuario del artefacto”, confió Pividori.
De esta manera, los tiempos de detección se reducen notablemente. “Con los sistemas tradicionales, conseguir un resultado provisorio lleva entre tres y cinco días, y hay que contemplar otros dos días más para obtener la confirmación”, agregó.
Un ejemplo: con los genosensores se logró identificar en apenas 30 minutos un foco de infección de legionella, algo que por la técnica del cultivo biológico demora 48 horas.
Madre de una nena de tres años y radicada en España, Pividori vuelve una vez por año a la Universidad del Litoral para dictar cursos de posgrado. Ahora está realizando investigaciones postdoctorales en Barcelona. “Trato de compaginar mi vida como investigadora con la de madre, ya que al no estar mi familia conmigo no resulta tan sencillo. El desafío es rendir en el campo científico al mismo nivel de los hombres”, confió.
Cuando los medios españoles publicaron la noticia de los genosensores, además de omitir el origen argentino de Pividori, señalaron que podían realizar pruebas genéticas de paternidad en cuestión de minutos. “Aunque es una posibilidad en el futuro, el dispositivo no fue desarrollado ni aplicado para ese fin”, dijo la investigadora.
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