UNA VIGA DE ALUMINIO SE INCRUSTÓ EN UN TAXI AL CRUZAR LA ZONA BANCARIA
Alberto Osvaldo Rubertelli salvó su vida de milagro. El sábado a la noche transitaba con su taxi con dos pasajeras por el microcentro rosarino cuando una viga de aluminio cayó desde un edificio y estalló en el parabrisas. El auto quedó dañado y la visión del trabajador afectada por los cristales que ingresaron en su ojo.
Rubertelli tiene 53 años, hace 20 que maneja taxis y nunca había sufrido un accidente grave. En el mediodía de ayer estaba sorprendido por el incidente. También estaba angustiado porque presume que su futuro laboral está signado por la incertidumbre. “Vivo de este trabajo (como taxista) y no sé si voy a poder seguir manejando porque en este momento no veo de un ojo”, contó a La Capital.
Cerca de las 23 del sábado, Rubertelli transitaba con un Chevrolet Corsa por Santa Fe entre Mitre y Entre Ríos con dos pasajeras a bordo. Cuando llegó a mitad de cuadra, un estruendo lo sobresaltó. “Sentí una explosión y primero pensé que era un piedrazo. Me di vuelta y les pregunté a las chicas si les había pasado algo. Me contestaron que estaban bien y me dijeron que el que estaba herido era yo. Giré la cabeza y vi que tenía algo incrustado adentro del auto”, recordó el taxista.
Lo que había atravesado el parabrisas era una viga de aluminio de unos seis metros de largo. Rubertelli tenía la mano apoyada en la palanca de cambios y la viga quedó clavada cerca de uno de los brazos. El misil destruyó el tablero y la palanca de cambios.
Conmocionado, el trabajador continuó unos metros la marcha y se detuvo. Recién en ese momento, se dio cuenta de que había estado a punto de perder la vida. Se contactó con el dueño del auto para contarle lo que había ocurrido. “Me salvé de la muerte. Si me agarra (la viga) me mata”, afirmó.
Después llamó a su hijo y juntos fueron al Hospital de Emergencias. En el centro asistencial los médicos le limpiaron la zona afectada y le vendaron el ojo derecho.
Rubertelli cree que la viga se desprendió del frente de uno de los bancos situados en la cuadra. “Era de color verde claro”, explicó. El propietario llevó el coche a una playa de estacionamiento. Después llegaron efectivos de la comisaría 3a., que intervinieron en el caso, y lo trasladaron a esa seccional para las pericias de rigor.
Ayer el tachero presumía que todavía tenía esquirlas de vidrios en el ojo. “En el Heca me dijeron que debía consultar a un oculista porque no tenían los equipos para saber si tenía afectada la vista”, comentó.
Rubertelli vive solo en una casa de Rodríguez al 4800 desde que se divorció de su esposa y tiene un hijo de 33 años. Se lamenta porque no sabe si podrá continuar trabajando. “Yo necesito una buena asistencia. Sólo vivo de esto. Alquilo y tengo a mi madre en el geriátrico”, se quejó.
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