UNAS 1.400 PERSONAS RECIBIERON APOYO PSICOLÓGICO POR CROMAGNÓN
Soltar las escenas de la muerte, apartar la mirada del vacío y recuperar, de a poco, como cada uno pueda, el latido de la vida. Respirar, estudiar, trabajar, seguir viviendo… A seis meses de la tragedia de Cromañón, los familiares de las víctimas y los sobrevivientes se debaten entre la necesidad de salir adelante y la contradicción, visceral, de no poder. Entre la “obligación” de reintegrarse a un mundo que, inevitablemente, sigue su curso, y la sensación de volver a estrellarse contra el mismo dolor cada vez que empiezan a rozar la vida, aunque más no sea con la punta de los dedos.
“Perder a un familiar por acción violenta de otro ser humano deja un vacío muy grande y un sentimiento de bronca difícil de superar. Creemos que les llevará por los menos dos años superar las heridas psíquicas que dejó Cromagnón”, comentó a Clarín Xavier Oniativia, del Centro de Protección a las Víctimas del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, que desde diciembre atendió a casi 900 sobrevivientes y familiares de las víctimas.
“El estrés postraumático es el cuadro clínico más frecuente entre quienes estuvieron aquella noche en Cromagnón. Algunos lo expresan con trastornos de ansiedad (irritabilidad, insomnio, sensación de peligro inminente) y con síntomas de evasión (no quieren ir a lugares cerrados, temen a la oscuridad), y otros padecen imágenes intrusivas: se les cruzan escenas del incendio, escuchan gritos, sienten que pisan cuerpos, etc.”, explica el psiquiatra Daniel Mosca, al frente del equipo del Hospital Alvear, que atendió a 500 víctimas de Cromagnón (el 85%, sobrevivientes).
“La mitad continúa en tratamiento y seguimos recibiendo pacientes todas las semanas. Uno de cada tres sufre estrés postraumático, el 20% tiene trastornos depresivos y el 18%, de ansiedad”, agrega Mosca. “Quienes se vieron afectados deben consultar porque los síntomas se agravan con el tiempo. Uno de cada cinco necesita medicación.”
Las huellas psíquicas que dejó Cromagnón son de tal magnitud que fueron el eje del V Congreso Internacional de Trauma Psíquico y Estrés Traumático, celebrado en Buenos Aires la semana pasada. “Algunas de las marcas se repiten en casi todos los sobrevivientes y familiares: un fuerte sentimiento de bronca y de impotencia, en primer lugar. Y, luego, una gran sensación de soledad, desprotección y desconfianza, porque Cromagnón desmoronó todas las referencias de seguridad”, apunta Oniativia.
La “culpa del sobreviviente” es otro problema frecuente. “¿Por qué me salvé yo y él no? ¿Por qué no ayudé a más gente? ¿Cómo retomar mis cosas si otros murieron? Quizás alguno no pudo salir porque yo lo pisé… Son culpas y cuestionamientos que aparecen mucho”, cuenta Mosca.
Las reacciones de quienes se tutearon con la tragedia son variadas. “Algunos tienden a conectarse entre sí, sobre todo a través de Internet (chatean, se envían mails o navegan páginas que armaron familiares y amigos de las víctimas). Y otros se aíslan y tienen dificultades para reinsertarse socialmente”, apunta la licenciada Liliana Sánchez, Vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Psicotrauma. “En general, no van a bailar ni a recitales ni a la cancha, y cuando salen están atentos a las condiciones de seguridad de los lugares y tratan de estar cerca de las puertas de salida.”
Los familiares de las víctimas también hacen lo que pueden. “Algunos no logran despegarse de aquella noche. Otros ponen toda su energía en un objetivo, como la búsqueda de justicia, y otros se suman a alguna actividad grupal, solidaria, para hacer con otros algo con el dolor, para convertir el horror en un acto de vida”, comenta Oniativia.
Cada vez que hay una noticia fuerte del caso o se cumple una fecha significativa todos empeoran. “Cuando excarcelaron a Chabán fueron para atrás, volvieron a sentir la desprotección de aquella noche”, dice Sánchez.
Primero fue el cuerpo: intoxicado, quemado, agredido. Sanadas esas heridas, primarias, urgentes, le llegó el turno al dolor del alma. Que existe. Y cuyo alivio demanda tiempos distintos, ajenos al calendario y cercanos, según los profesionales, al amor, la compañía, el apoyo y, sobre todo, a una reparación que sólo puede ofrecer la Justicia.
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