UNAS 150 MIL PERSONAS VIVEN EN CASAS DETERIORADAS EN LA CAPITAL FEDERAL
Cuando se mudaron, hace seis años, sabían que había que hacer refacciones. Ese era su plan, pero la crisis se los impidió. De a poco, la propiedad, un PH en Villa Ortúzar, fue decayendo. Ahora, Graciela H., su marido y sus tres hijos viven en condiciones “difíciles”. Los techos del baño y la cocina se caen a pedazos por las filtraciones de la terraza. Los azulejos se hunden con sólo tocarlos. Y un frío húmedo se cuela por las paredes de cada cuarto.
Graciela y su familia forman parte de los 150.000 vecinos de Capital que habitan casas, departamentos o edificios en malas condiciones, según un estudio del Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC). La gran mayoría son personas de clase media, con empleo. En algún momento pudieron comprarse una vivienda, pero después sus ingresos no alcanzaron para mantenerla. También se encuentra en esta situación la gente que vive en edificios sin consorcio, en los que jamás se hicieron arreglos.
Filtraciones de humedad, instalaciones de electricidad, luz o gas obsoletas y peligrosas, ascensores que no funcionan, paredes con fisuras, revoques resquebrajados, familias hacinadas. Así se manifiesta lo que en el IVC llaman pobreza puertas adentro o pobreza urbana oculta.
A Beatriz Romero hace tres años la crisis la obligó a mudarse de un piso a un modesto PH de Barracas junto a su padre de 92 años, su marido y sus dos hijas. “Resignamos calidad, pero necesitábamos metros cuadrados. A este PH le hace falta un reciclaje completo, pero yo soy una asistente social desocupada y mi marido, empleado bancario. Nuestros ingresos no alcanzan para hacer todas las reparaciones que hacen falta”, le cuenta a Clarín mientras señala el techo de su baño, arruinado por una humedad que también ataca los cimientos de la casa, de 80 años de antigüedad.
“La mayoría de los edificios que superan los 30 años, donde viven los sectores de clase media de menos recursos, tiene problemas de mantenimiento. Y muchos están habitados por personas de edad, que apenas pueden llegar a fin de mes con su jubilación”, describe Ernesto Selzer, presidente del IVC.
“El Estado releva la pobreza en villas, hoteles e inquilinatos. Pero también hay un déficit muy grande en cuanto al mantenimiento de las viviendas, que no siempre se mide. A principios de los 90 hubo una reactivación, pero después la gente se empobreció. La debacle de 2001 profundizó el problema y muchos dejaron de mantener sus propiedades”, explica el arquitecto del IVC Claudio Freidin, que condujo una investigación sobre el estado de las viviendas con “titularidad dominial” registrada de la Capital.
Según este estudio, el 28,4% de las viviendas deterioradas está en los barrios de Almagro, Caballito, Villa Crespo, Villa Devoto y Paternal. El 27% se encuentra en Mataderos, Villa Soldati, Lugano y Flores; y el 17,1%, en La Boca, Barracas, Pompeya y San Cristóbal. Los barrios menos afectados son Palermo, Recoleta y Retiro, con un 11,5%, y Belgrano, Núñez, Saavedra y Villa Pueyrredón, con un 15,9%.
Como en todo el país, los habitantes de la Capital sufrieron desde 2001 un deterioro importante en su calidad de vida. El índice de pobreza, por ejemplo, medido en cantidad de habitantes, llegó a superar el 22% en el primer semestre de 2003, cuando históricamente se había mantenido por debajo del 10%. Según los últimos datos de 2004, ahora ronda el 15%. Es decir, hay un repunte económico que llega a la gente, pero aún se está lejos de las buenas épocas.
A partir del relevamiento de la pobreza oculta, el IVC presentó un plan para ofrecerle créditos blandos a esa franja de propietarios. Este plan forma parte del Programa Federal de Mejoramiento de Viviendas del Gobierno nacional, que ya le giró a la Ciudad $ 71.890.000 para financiar arreglos en viviendas particulares y edificios.
A través de los CGP se inscribieron cerca de 7.000 propietarios, entre los que adjudicaron 2.731 créditos individuales y 1.952 a consorcios, involucrando a 4.386 consorcistas. Cada uno, entre ellos Graciela H. y Beatriz Romero, recibirá hasta $ 15.800 para hacer arreglos. Después, lo devolverán al Banco Ciudad en 30 años, sin interés, con cuotas de unos $ 40 por mes.
Una de las beneficiarias del crédito es Adriana Alesanco, que lo obtuvo junto a otros consorcistas del edificio de PH de Deán Funes 1870, de unos 80 años. “Esto nos da un poco de esperanza. Hace casi 20 años que vivo acá y, como soy abogada, hace cinco organicé el consorcio. El edificio está muy mal porque sólo se soluciona lo más urgente. Somos todos trabajadores independientes de clase media empobrecida y no tenemos un ingreso como para pagar los 50.000 pesos que faltan para arreglarlo”.
Adriana no exagera: la fachada del edificio de Parque Patricios está derruida y su medianera lateral no tiene revoque. Como ella, 150.000 vecinos de la Ciudad esperan volver a vivir en una casa parecida a la que soñaron.
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