UNAS 40.000 PERSONAS PARTICIPARON DEL FESTEJO QUE AÑO A AÑO SE REALIZA EN VALENCIA
Cerca de 130 toneladas de tomates fueron la “munición” empleada en la batalla campal, aunque pacífica, que unas 40.000 personas libraron hoy en Buñol, en la región española de Valencia, durante la popular fiesta de la “Tomatina”.
Buñol celebró así su festejo más internacional, en el que los participantes lanzan durante una hora tomates maduros en un peculiar “combate”.
Tras reponer fuerzas con vino y tortas ofrecidos por el Ayuntamiento, los participantes se concentraron poco a poco en la plaza del pueblo para esperar la llegada de los cinco camiones cargados con las hortalizas.
La indumentaria de los asistentes era de lo más variopinta, aunque la mayoría de ellos acudió con ropas viejas, que luego terminaron en la basura.
El alcalde de Buñol, Fernando Giraldós, comentó a los periodistas que este año muchos participantes optaron por recuperar una antigua tradición de la fiesta, consistente en acudir a ella vestidos de blanco para, transcurridos los sesenta minutos de “guerra tomatera”, salir con la ropa totalmente teñida de rojo.
Como ya es costumbre, la presencia de visitantes y medios de comunicación procedentes de todo el mundo convirtieron la curiosa batalla en el festejo más internacional de esta localidad de la provincia mediterránea de Valencia.
Hoy destacaba, sobre todo, la presencia de numerosos participantes orientales, aunque también son habituales de esta fiesta británicos, estadounidenses e, incluso, australianos.
Inicio de la batalla. Cuando a las 11.05 hora local, el estallido de un petardo anunció a participantes y espectadores que el comienzo de la batalla era inminente, la plaza ya estaba absolutamente repleta de gente que, regada por mangueras que asomaban por ventanas, esperaba ansiosa la llegada de los camiones.
Estos no se hicieron esperar y, minutos después, el primero de los cinco vehículos que habrían de traer las 130 toneladas de tomates maduros se abrió paso lentamente entre los asistentes.
Sobre ellos y asegurados con arneses para evitar caídas durante el volcado de los tomates, viajaban los festeros de la localidad, que se afanaban por vaciar el volquete para proveer a los asistentes de la “munición” necesaria.
Apenas pasó el vehículo, la gente llenó de nuevo el vacío dejado por el camión a su paso y se apresuró a lanzar por el aire las hortalizas, aunque muchos de los asistentes se arrojaron directamente sobre los pequeños montones de tomates que los vehículos dejaban a su paso.
Tras el primer camión, los otros cuatro fueron desfilando, uno tras otro, a fin de asegurar a los participantes un suministro constante de tomates.
Concluida la contienda, los asistentes, completamente cubiertos por restos de la hortaliza, se dirigieron a las duchas instaladas para la ocasión por el consistorio municipal o al río, como es tradición, para despojarse del jugo ácido y de los trozos de piel de los tomates.
La edición de este año, según comentaron miembros del efectivo sanitario desplegado para la ocasión, se saldó con menos incidencias que en ediciones anteriores.
La “Tomatina” de Buñol, que no fue organizada por el Ayuntamiento hasta 1980 por su oposición inicial al festejo, fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional en 2002.
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