UNIÓN EMPATÓ POR CUARTA VEZ CONSECUTIVA
Al igual que frente a San Martín de Mendoza, el festejo de los jugadores, del cuerpo técnico y de los simpatizantes rojiblancos, tiene mucho más que ver con un empate conseguido cerca del final, que con una recuperación futbolística.
Porque mas allá de que el equipo, bajo la dirección técnica de Blanco, no conoce la derrota y se muestra más ordenado, lejos está de mostrar un nivel que le permita conseguir un triunfo para alejarse de los últimos lugares de la tabla del descenso.
Aunque hay algo que es destacable; Unión consiguió empatar un encuentro en el que tuvo que afrontar varias situaciones adversas. Verse en desventaja con un gol conseguido a través de un polémico penal y, apenas comenzado el complemento, sufrir la expulsión de uno de sus hombres.
En el arranque del encuentro, Unión se mostró más decidido a buscar el partido, mientras que Instituto se dedicó a esperar e intentar de contra, consciente de que un empate no era un mal resultado, teniendo en cuenta la derrota de la CAI y el empate de Huracán de Tres Arroyos.
Sin embargo, el local volvió a mostrar las mismas falencias que tuvo durante todo el torneo; la falta de un conductor y el poco peso ofensivo de sus delanteros.
Eso sumado a un gran trabajo del primer marcador central del visitante, Moreyra, que durante los noventa minutos se mostró impasable.
La primera etapa transcurrió casi sin ocasiones de gol frente a los arcos, pero en el minuto 41, Raymonda recibió un largo pelotazo, le ganó en velocidad a Peirotti y Squadrone y cayó dentro del área. Jorge Ferro pitó penal, ante la protesta de todos los jugadores tatengues.
Riggio lo cambió por gol, y puso en ventaja a la “Gloria”, que con la victoria acariciaba el título.
A los treinta segundos de comenzado el complemento, en una actitud inentendible, Squadrone se enojó porque no cobraron un lateral a su favor y le arrojó la pelota en la cara a un rival. Obviamente, Ferro le mostró la tarjeta roja.
Unión tenía la pelota en su poder, pero nadie se hacía cargo de la creación; en realidad, la pelota pasaba de los pies de Ceferino Díaz a los de Basualdo, sin conseguir profundidad.
Blanco decidió el ingreso de Cúder, pero sacó a Peirotti; el “Sapo” le dio más dinámica al mediocampo, pero tampoco aportó claridad. A esa altura no se entendía porque “Cachín” seguía manteniendo el esquema, de dos volantes de contención sin un enganche.
El empate llegó de la manera en que tenía que llegar; una pifia de Vera terminó en los pies de Cúder, que con gran precisión envió un centro, para que Díaz cabeceara la pelota al fondo de la red.
Después no hubo tiempo para más nada; Unión se retiró aplaudido por la gente, por el empate conseguido cerca del final y la irreprochable entrega física del plantel. De fútbol, casi nada.
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