UNIÓN EN SU LABERINTO Y COLÓN Y EL VERBO SOÑAR
Unión en su laberinto.
Oigo que Unión tiene el compromiso de sumar. Y escucho que tiene el compromiso de sumar “como sea”. Lo dicen los jugadores, lo dicen los dirigentes, lo repetimos, muchas veces, desde la prensa. Y me pregunto, ¿hay algún equipo que no tenga el compromiso de sumar? ¿Qué es sumar cómo sea?
Todos los hinchas, de Yupanqui al Real Madrid, le transmiten a los jugadores la necesidad de la victoria. Y todos los futbolistas son contratados con esa idea. O sea, es de perogrullo el argumento de que hay que sumar, porque ningún equipo se crea con la necesidad de restar.
Y ahí empieza a pifiar el camino Unión. No es la idea analizar un par de resultados de ocasión, la victoria injusta ante la CAI o el empate que pudo merecer ante Los Andes, sino contemplar lo que lo lleva a la inestabilidad. Unión es inestable porque duda. Y duda porque no solo dice la frase hecha “hay que sumar”, sino que le agrega el “como sea”. Sumar como sea no se puede. Es apostar al azar, a la indignidad de la suerte por la suerte misma o la miseria de colgarse del travesaño.
Con la CAI, Unión no sumó “como sea”. Sumó a partir de que jugó 30 minutos decentemente. Después, cuando jugó “como sea”, por poco le empatan.
Y volviendo a las dudas, si el equipo juega amistosos de pretemporada con línea de tres y debuta con cuatro defensores. Si no tiene laterales y cuando arma la defensa improvisa. Si algunos jugadores (Basualdo por derecha, Vera sobre el lateral) juegan donde no se sienten cómodos, se está más cerca de errar el camino. A favor de Cachín Blanco está la licencia de la búsqueda porque no tiene el mejor de los planteles. En contra está el tiempo y que el resto de los planteles tampoco son de temer. El desafío es que la duda no se convierta en temor y para eso, claro, hay que ganar, pero nunca “como sea”.
Colón y el verbo soñar.
“Soy un soñador y sueño en grande”, dijo Francisco Maturana cuando el 19 de diciembre se hizo cargo del plantel de Colón. Vaya, como si Pacho se hubiera criado sobre la calle Rodríguez Peña y no en la ardiente Medellín, dio en la tecla, o en el corazón, del sabalaje. Todos los hinchas sueñan, pero pocos han soñado más que los de Colón en este último tiempo. Los sabaleros se han ejercitado en el arte de soñar, inspirados en el camino que le fueron trazando sus dirigentes. Y esto no es una crítica, sino un elogio. La conducción Vignatti invitó a soñar. Solo que no tiene razón cuando dice que la prensa ilusiona a la gente. Fue esta comisión la que armó una fiesta primermundista en La Divina para saludar el advenimiento de un nuevo equipo y fue el plantel el que terminó jugando como cuadro tercermundista.
Pero ahora hay otro acierto: los dirigentes volvieron a achicar los márgenes de error. Colón echa a rodar con un plantel (no un equipo, porque tiene dos hombres por puestos) de los cinco mejores del país, sustentados por un entrenador de los mejores del mundo. Ahora, habrá que ver si ese soñar en grande de Maturana está acompañado de infraestructura (no el estadio acorde sino la logística para un plantel de alta competencia) y de un funcionamiento que invite a creer. En síntesis, Colón tiene el desafío de convertir un discurso irreprochable en un equipo de fútbol irreprochable. Ahora nos sentamos a esperar, pero por lo pronto, dan ganas de esperar con una platea comprada.
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