UNIÓN Y SU PREVISIBLE FINAL
Desde que Unión consiguió la vuelta a primera, en aquel impensado ascenso de 1996, con un equipo integrado en su mayoría por chicos del club, nunca supo como afrontar lo que se venía, jamás tuvo en claro que proyecto poner en marcha para desandar el camino que tenía por delante.
En ningún momento la dirigencia rojiblanca decidió apoyar a las divisiones inferiores, como así tampoco pudo, con escasas excepciones, incorporar jugadores de jerarquía. Asi planteadas las cosas, nunca se entendió cual fue la estrategia de los dirigentes para armar planteles y contratar técnicos.
En siete años, a Unión llegaron 68 jugadores como “refuerzos”; de esos 68, son muy pocos los que justificaron su presencia en Santa Fe: más allá de paladares futbolísticos, Yorno, Trotta, Cavallero, Silvera, Jayo, Moner, Domizzi, Passet, Castellano y hasta el ahora discutido Adrián González, son algunas de las pocas incorporaciones rojiblancas que tuvieron un buen rendimiento.
Pero la enorme mayoría de los jugadores que llegaron al club se fueron con más pena que gloria, como Carrario, el ghanés Nii Lamptey, los paraguayos Bourdier, Celso González, Aceval y Arístides Rojas, los peruanos Waldir Sáenz, Roberto Silva y Piero Alva (que ni siquiera jugó), César Loza, Daniel Kesman, Favio Fernández, Fernando Ortíz, Leonardo Torres, Gustavo Reggi, etc.
Esta indefinición de que rumbo futbolístico tomar, que partió desde la dirigencia, llevó al equipo de la avenida a este presente e hizo que varios jugadores que fueron tenidos en cuenta por los seleccionados juveniles, nunca tuvieran la oportunidad de afianzarse en primera.
Unión invirtió mucho dinero en las divisiones inferiores, pero contradictoriamente, incorporó en cada torneo una gran cantidad de futbolistas, que hicieron que los chicos del club no tuvieran lugar.
En realidad, se promovió una gran cantidad de jugadores a primera, pero muy pocos de ellos pudieron afirmarse: Marcelo Mosset, Juan Pablo Cárdenas, Nereo Fernández, Julio Valli, Guillermo Israilevich y Cristian Ríos son las excepciones.
La realidad tatengue, de pelear año tras año la permanencia, hizo que algunos buenos proyectos como Martín Zapata, Cristian Basualdo, Cristian Wernly, Marcos Bolzán, Carlos Moretto, Diego Maier, Aléxis Weisheim, José Parmiggiani, Héctor Desvaux, Nicolás Frutos y Federico Ré, entre otros, no tuvieran la continuidad necesaria. Unión desaprovechó el dinero que había invertido, despilfarró sus jugadores, es decir, su patrimonio.
También el club se convirtió en una “trituradora” de técnicos; pasaron Carlos Trullet, Nélson Chabay, Salvador Capitano, Mario Zanabria, Nery Pumpido, Leonardo Madelón, Carlos Griguol, Frank Darío Kudelka, Néstor Craviotto y finalmente Juan José López, quien ya había ocupado el cargo en el Apertura 1999.
De esta manera, uno no puede asombrarse del pésimo porcentaje de puntos que Unión obtuvo en estos catorce torneos cortos, y hasta se pregunta cómo pudo mantenerse tanto tiempo en primera.
En estos siete años, Unión jugó 267 partidos, ganó 75, empató 86 y perdió 106, sacando el 38,22% de los puntos en juego.
Por eso, nadie puede decir que este descenso es injusto; Unión fue el peor equipo de la temporada junto con Huracán, y desde hace años viene esquivando su destino, más por defectos ajenos que por virtudes propias.
Tampoco se puede afirmar que este descenso fue imprevisible; siete años sin un proyecto serio para mantener al club en primera, hicieron que este triste final de Unión sorprenda a muy pocos.
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