UNOS 10.000 PEREGRINOS MARCHARON A SAN LORENZO PARA DAR TESTIMONIO DE FE
“Esta es la fe, aquí está María y aquí se da el verdadero encuentro con Dios”, manifestó con la voz entrecortada por la emoción uno de los tantos caminantes que formó parte de la 29ª peregrinación que trasladó ayer la imagen de la Virgen del Rosario desde la iglesia catedral hasta el Campo de la Gloria en San Lorenzo. Allí, monseñor José Luis Mollaghan, obispo de Rosario, celebró la misa acompañado de más de 20 sacerdotes y entre la gente se distinguió la presencia del intendente de Rosario, Miguel Lifschitz y su par de San Lorenzo, Mónica de la Quintana.
¿Qué buscaba aquella multitud formada mayoritariamente por jóvenes que caminó desde las 7.30 de la mañana hasta las 15? “Agradecer a la Virgen todo lo que hace por mí”, dijo Alejandra, que hace 15 años realiza esa travesía. “Cumplir una promesa”, remarcó Rodolfo mientras cubría el trayecto por quinto año consecutivo, claro que ayer lo hizo acompañado de su esposa y de su bebé de un año. “Pedir por las vocaciones, la paz del mundo y por todas las personas”, señaló Rosana mientras un grupo de jóvenes avivaba las guitarras con cantos a María.
Allí, alrededor de una imagen de la Virgen tirada por un tractor, se puso de manifiesto la fe de jóvenes, familias y adultos que caminaron entre cantos y oraciones hasta el Campo de la Gloria.
“Unidos por María, llevemos la luz verdadera” fue el lema que movilizó la marcha. “Nos inspiramos en las orientaciones que el Papa Benedicto XVI dio en su mensaje a los jóvenes”, explicó el padre Cristian Salomón, uno de los organizadores. “Se trata de que los jóvenes llevemos en nuestra vida la luz verdadera que es Cristo a todo el mundo”, amplió. Los creyentes se trasladaron hasta allí para rememorar las raíces cristianas porque “la evangelización del litoral comenzó con los misioneros del convento de San Lorenzo”, explicó el cura.
Las miles de personas que formaban la columna que ayer marchó por la ruta 11 tenían una historia singular, cargada de sufrimientos y de alegrías que quisieron plasmar ante la Virgen. Así fue el caso de Lidia Acosta, de la zona oeste rosarina, una mujer que peregrina hacia San Lorenzo desde hace 18 años. “Sabía poco de Dios cuando vine por primera vez, pero lo necesitaba”, relató. Atravesaba entonces una situación difícil porque había perdido a un familiar. “Necesitaba encontrar un sentido a la vida”, dijo. Desde entonces camina para dar gracias a la Virgen porque aquella peregrinación le dio un nuevo sentido a su vida. “Ahora soy catequista, tengo esperanza y mucha alegría. Aquí se nota que no todo está perdido y me llena de fuerzas para seguir luchando”, confesó.
También el caso de José, de zona sur, estremece. El hombre comenzó a participar de la procesión para pedir su curación hace 10 años. Era alcohólico y por esta razón estuvo a punto de perder a su familia y su trabajo. “Tomaba mucho y no podía salir del alcohol. Fue muy terrible”, recordó pero se le iluminó la cara cuando dijo que una de las cosas que lo ayudó a salir de ese duro trance fue “Dios y la Virgen. Por eso estoy aquí y vengo cada año a agradecer”, subrayó. “Esto es siempre muy especial, aquí realmente está Dios y la Virgen. Es una experiencia tremenda y yo voy a venir siempre aunque tenga que arrastrarme, porque le debo todo a María”, manifestó quien también comprobó la ayuda de la Virgen cuando le faltó trabajo en su pequeño local de compra y venta de chatarra.
Rodolfo, en tanto, subrayó que participó de la peregrinación por la fe que tiene en la Virgen. “Se que tarde o temprano te llega lo que le pedís a la Virgen”, aseguró. A su lado, un grupo de jóvenes caminaba y bailaba a la vez. Procedían de Alvarez y era la primera vez que participaban.
Por su parte, Martín Paleari, de 20 años, uno de los organizadores, expresó que se dedica a esto porque quiere manifestar su fe. Impulsado por un gran sentimiento de vacío buscó en Dios una respuesta y la encontró. “A través de la Virgen llegué a Jesús y entonces descubrí el verdadero sentido de mi vida, que es darme a los demás”, confesó el joven, que fue uno de los tantos que dio testimonio con su alegría y con su marcha del valor de la fe que está viva en cada uno de ellos.
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