UNOS 180 MIL FIELES EN EL VÍA CRUCIS DEL PADRE IGNACIO
Como sucedió durante la última década, la celebración del Vía Crucis anoche en la parroquia Natividad del Señor, en barrio Rucci, se convirtió en una de las más masivas acciones de la Iglesia Católica argentina en un ámbito público, gracias al nivel de adhesión que despierta en la feligresía la figura del sacerdote Ignacio Periés.
Unas 180 mil personas, según la estimación de los organizadores y del personal de seguridad, caminaron kilómetros de calles en la zona noroeste de la ciudad en una irregular columna remedando la senda que anduvo Jesús crucificado. Estuvieron “cuidados” por un importante operativo de seguridad y sanitario montado por varias dependencias de la Municipalidad y la policía provincial.
El sacerdote oriundo de Sri Lanka hizo mención a la tragedia que sufrió su país a raíz del tsunami que sembró muerte y desolación en varias naciones de Asia, y arrancó aplausos de sus seguidores. También pidió una oración por la salud del Papa, Juan Pablo II, y por quien lo suceda como máximo representante del Señor en la Tierra.
La incontable cantidad de peregrinos que año a año se suma al Vía Crucis del padre Ignacio llama la atención, además de por su notable magnitud, por la característica que adopta esa gigantesca formación humana: una serenidad amistosa y solidaria acompaña a la multitud a lo largo de las 14 estaciones que conforman el recorrido que Jesús hizo antes de su muerte.
La diversidad de los peregrinos que acompañan la figura del hijo de Dios en la cruz formando una compacta columna también es destacable. Mujeres, hombres, niños, adolescentes, ancianos, bebés en los brazos de sus padres, en cochecitos, parejas, familias enteras de a pie dan forma al múltiple universo de seguidores del padre Ignacio.
A las 20.30, como estaba previsto, comenzó el Vía Crucis en barrio Rucci, que fue transmitido en vivo por una radio local. El sacerdote Periés le habló a su feligresía para alentarla a dirigirse al personal policial o municipal en caso de cualquier inconveniente. “Si tienen algún problema pidan ayuda a la seguridad”, dijo el cura, “estamos para servirlos”.
Mucho antes de eso las calles del barrio Rucci ya se habían convertido en el laberinto de decenas de miles de personas que deambulaban en busca de la parroquia Natividad del Señor, cuyo ingreso estaba atestado por una marea humana que bregaba por tocar la figura de Cristo crucificado.
Los vendedores ambulantes –muchos y variados– buscaban desde entonces extirparles algunos magros pesos a los peregrinos, que hacían caso omiso a las ofertas en la mayoría de los casos, con excepción de quienes mercaban gaseosas y agua mineral, beneficiados por la sed de los caminantes.
Como el año pasado, Periés no guió la multitudinaria procesión desde un móvil (tal cual lo había hecho en ediciones anteriores del Vía Crucis) sino que lo hizo desde un carpa blanca instalada en la intersección de avenida de los Granaderos y avenida Kennedy, al lado del escenario donde más tarde daría la bendición final a la emocionada muchedumbre. Los más perezosos y aquellos que estaban impedidos de trasladarse por sus propios medios siguieron las alternativas del Vía Crucis, desde temprano, frente a la carpa donde Ignacio estaba acompañado de asistentes y fieles músicos.
A lo largo del recorrido por las 14 estaciones, el moreno sacerdote pidió por la salud de los enfermos, por el empleo que les falta a los desocupados, por la preservación del medio ambiente y, como ya se dijo, por la salud de Juan Pablo II y los afectados por el tsunami en Asia. Mientras tanto, los feligreses caminaban a tranco pausado pero regular por las calles de barrio Rucci, la mayoría de ellos cargando en sus manos velas incrustadas en vasos plásticos. Otros acarreaban radios portátiles para seguir las alternativas de las lecturas del religioso que, de todos modos, eran reproducidas por ensordecedores parlantes apostados lo largo de avenida Kennedy.
El cura también dedicó un pasaje de sus palabras a la familia. “Hoy estamos en un mundo con violencia, abuso y discriminación”, dijo en un confuso castellano, “en el que los niños lloran”. Y dirigiéndose a quienes son padres, agregó: “Nuestra familia es la cuna de nuestros hijos. Todo nace de nuestras familias, a través del testimonio y la enseñanza de los padres”.
También le dijo a la multitud caminante que “en la vida siempre hay sombras y oscuridad”, pero los alentó al asegurarles que “la luz que brilla en las tinieblas es nuestra salvación” y que “Jesús siempre va a ser la guía para nuestros pasos”.
Las cerca de 180 mil personas que protagonizaron anoche el tradicional Vía Crucis de la parroquia Natividad del Señor –acompañadas por el buen tiempo que había faltado en otras ocasiones– contaron, además de su fe, con el apoyo de integrantes de la policía provincial, Defensa Civil, Alumbrado Público, la GUM, la Central de Emergencia, Tránsito, Transporte y Aguas Provinciales, entre otros colaboradores, que se esmeraron porque no ocurriera ningún problema que no pudiera subsanarse durante las más de seis horas que los peregrinos estuvieron en barrio Rucci.
Mirás: “La vida al servicio de los hermanos”
Con una Catedral repleta de fieles, el arzobispo de Rosario y titular de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Eduardo Mirás, encabezó ayer el Vía Crusis dentro del templo religioso. Minutos antes de las 18, el religioso comenzó a recorrer “las catorce estaciones” por las que atravesó Jesús hacia su crucifixión combinando rezos con reflexiones que eran seguidas por los creyentes.
“Siguiendo el ejemplo de Jesús, hay que dar la vida al servicio de nuestros hermanos”, señaló Mirás en un tramo de la recorrida. “Cuando cunden tantos ejemplos de avaricia, el amor de Jesús es un ejemplo”, agregó. En la vida La ceremonia católica también fue seguida por muchos turistas que aprovecharon su paso por Rosario para visitar la Iglesia Catedral. La recorrida por la catedral insumió casi una hora y tras el Vía Crusis, se realizó la celebración litúrgica de la Pasión del Señor. Finalmente, cerca de las 21 se realizó la procesión con el Cristo Yacente por la plaza 25 de Mayo.
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