Us Open: Djokovic-Nadal, por la consagración
Esta vez, el match point lo ganó la lluvia. Al igual que los dos últimos años, la final del US Open se jugará un lunes porque las adversas condiciones climáticas impidieron ayer la realización del esperado duelo entre Rafael Nadal y Novak Djokovic. Hoy, desde las 16 de Nueva York -las 17 de Argentina-, se empezará a definir quién es el campeón del Abierto de los Estados Unidos, el último Grand Slam de la temporada. Y será un campeón inédito: el español nunca había llegado siquiera a la final -lo mejor suyo, hasta esta edición, fueron dos pases a las semifinales en 2009 y en 2008-; el serbio jugó una vez el encuentro decisivo, en 2007, y cayó en tres sets ante Roger Federer, su vencido del sábado en esa infartante semi que ya está entre los partidos indelebles de la rica historia de la competencia.
Exactamente a las 18.18 de aquí, mientras la lluvia seguía cayendo sin parar sobre Flushing Meadows, la organización informó oficialmente la postergación de la final masculina, prevista en principio para las 16.30 de ayer. Antes, había habido un par de anuncios insólitamente optimistas. "Esperamos entre 45 y 60 minutos de lluvia; luego secaremos el piso de la cancha y empezaremos a jugar la final", dijeron los organizadores pasadas las 16. Esto, de arranque, hizo trizas el primer parte metereológico que decía que no iba a llover entre las 16 y las 21. Bastaba mirar el cielo ennegrecido y el agua que caía -nunca fue un diluvio pero sí una lluvia casi ininterrumpida- para, al menos, descreer de la fe de los responsables y de la pericia de los pronosticadores. Cuando avanzaban las horas, la posibilidad de la suspensión de Nadal-Djokovic se robustecía. Y, al cabo, se produjo.
El de ayer fue el segundo día de lluvia en el marco de un torneo que se caracterizó por el buen tiempo, con una primera semana de calor insoportable y una segunda con temperaturas más benévolas. Sólo había llovido el viernes 3, y apenas un rato, lo que obligó a parar momentáneamente un partido de Gisela Dulko con la rusa Anastasia Pavlyuchenkova. Este domingo, con 18 grados de temperatura, se jugaron las dos finales juniors de singles: en courts secundarios, el estadounidense Jack Sock le ganó a su compatriota Denis Kudla (el que eliminó al correntino Agustín Velotti) y, en un choque de rusas, Daria Gavrilova venció a Yulia Putintseva. En el Arthur Ashe, cuando la final del dobles femenino estaba transitando su tramo postrero, llegó una llovizna más que ligera y detuvo el juego: Liezel Huber y Nadia Petrova derrotaban 5-4 y 15-0 en el tercer set a Vania King y Yaroslava Shvedova. Se había jugado una hora y 50 minutos.
Las dos últimas finales, decíamos al comienzo, también fueron un lunes pero porque llovió el sábado de las semifinales y todo se corrió un día. En 2008, Federer le ganó a Andy Murray; y en 2009, Juan Martín Del Potro, un 14 de setiembre, construyó su fenomenal hazaña frente al quíntuple campeón suizo.
¿Quién fue el mayor beneficiado por la postergación? Djokovic, quien el sábado, entre risas, había dicho: "No conozco cuáles son los rituales para convocar a la lluvia, pero un día extra de descanso sería grandioso". Y vaya si se le dio a Nole … Es que su esfuerzo en las semifinales fue mucho mayor al de Nadal: su batalla con Federer duró tres horas y 44 minutos; el paseo de Rafa a Mikhail Youzhny, apenas dos horas y 13. Y el español, que jugó en primer turno, terminó su faena de anteayer casi cuatro horas y media antes de que el serbio despidiera a Roger. Esta tarde, al menos, las fuerzas físicas estarán más parejas. "Estoy contento; tengo un día más para descansar", dijo Djokovic ayer a la cadena CBS. Por la tarde, Nole peloteó un rato con el junior local Sock, un tiempito después de que éste se consagrara campeón.
¿Que hizo Nadal, el gran favorito? Se entrenó en la cancha central antes del dobles de mujeres y de la lluvia. Y después aguardó en el vestuario, estérilmente, que mejorara el clima. Al fin de cuentas, la gloria puede esperar.
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