UZBEKISTÁN ENTIERRA 500 MUERTOS MIENTRAS SIGUE EL ÉXODO HACIA PAÍSES VECINOS
Mientras la ciudad de Andizhán, ubicada al este de Uzbekistán, entierra a más de 500 muertos, la situación empieza a tranquilizarse en la conflictiva región mientras miles de uzbecos huyen hacia países vecinos en busca de un lugar más seguro.
Según la agencia de noticias rusa Interfax, la situación está volviendo a estar bajo control. En tano el centro de Andizhán está completamente cerrado por policías y militares que custodian la zona.
Las autoridades vecinas de Kirguizistán informaron que en la frontera entre ambos países ya se han instalado cerca de tres mil uzbecos que buscan un lugar más seguro.
Kirguizistán decidió cerrar sus fronteras a raíz de la revuelta, pero fue reabierta sólo para aquellos que comercian con el país.
El Ministerio de Sanidad kirguiz informó que las personas desplazadas son asistidas en refugios de la frontera, mientras Naciones Unidas espera un flujo sostenido desde Andizhán, con numerosos heridos, ancianos, niños y mujeres, asolados por la represión lanzada por Islam Karimov.
“El campo abierto en la región de Dajalal-Abad (sudoeste) recibió 900 refugiados uzbecos. Entre ellos hay heridos y enfermos que reciben asistencia médica”, dijo Samat Toimatov, integrante de la cartera. Jerzy Skuratowicz, responsable del programa de desarrollo de las Naciones Unidas en Kirguizistán, señaló que integrantes de ONU llegarán a la región de Djalal-Abad para evaluar las necesidades de la población.
“Hasta ahora las autoridades kirguiz están en condiciones de actuar en la situación, pero la ONU se está preparando”, sostuvo.
El ministro de Exteriores ruso, Serguiei Lavrov, expresó “preocupación” por la violencia en Uzbekistán y vinculó a la revuelta a “representantes de grupos talibán”.
El responsable de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en Tashkent, Miroslav Jenea, reclamó a “todas las partes” renunciar “al uso de la fuerza” y “respetar los principios fundamentales de los derechos humanos”.
Jenea reclamó al gobierno uzbeco “actuar con prudencia y tener presente los derechos humanos de las personas implicadas en los enfrentamientos”.
“Estamos profundamente disgustados por los muertos en Uzbekistán luego de los enfrentamientos en Andizhán, estamos cerca de las familias de las personas inocentes que quedaron atrapadas en el sorpresivo estallido de violencia”, sostuvo el representante de OSCE.
La organización Human Right Watch acusó al gobierno uzbeco de haber ordenado disparos contra los manifestantes, mientras expresó temor por posibles “represalias”.
En un comunicado difundido en Moscú, la responsable de la organización para Asia Central, Holly Cartner, advirtió que “el gobierno no puede usar la guerra contra el terrorismo para justificar disparos sobre manifestantes”.
“El gobierno tiene el deber de mantener el orden, pero debe también respetar la ley”, sostuvo Cartner, y advirtió que en las manifestaciones “no había terroristas, sino personas que manifiestan contra la pobreza y la represión”.
Aunque todo indica que de a poco se retorna a la paz, la situación en el país no es del todo clara y a los periodistas extranjeros se les sigue negando el acceso a la región que sufrió la crisis. Según Interfax durante la noche de ayer se produjeron disturbios en diversas ciudades del valle de Fergana.
La dimensión de la violencia desatada tampoco es cristalina. Organizaciones internacionales calculan que la cifra de muertos alcanza los 500 y sostienen que el Estado –que dice que no han muerto más de 30 personas- mantiene en secreto el número exacto de víctimas.
La rebelión en Andizhán comenzó a raíz de una protesta en contra del Gobierno que impulsa un juicio contra 23 importantes empresarios musulmanes acusados de pertenecer a una red terrorista. La población que se rebeló reclamó además la instauración de una verdadera democracia ya que el presidente Islam Karimov gobierna el país desde 1991 con mano de hierro.
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