VALIJAS VOLADORAS: LA RUTA DE LA DROGA YA TENDRÍA TRES AÑOS
Los cincuenta días que estuvo prófugo para él no fueron en vano. Walter Beltrame, detenido clave por el contrabando de cocaína a través del aeropuerto de Ezeiza, el viernes presentó en la Justicia una pila de documentos internos que rescató de la empresa Southern Winds y que, de comprobarse como ciertos, demostrarían que el escándalo es infinitamente mayor al que se conoce hoy. De acuerdo con esa denuncia, la aerolínea de bandera argentina llevaba por el mundo “valijas voladoras”, en forma habitual y sin ningún tipo de control, desde el 2002.
Por valijas “voladoras” se conoce al equipaje que no es reconocido por ningún dueño y viaja sin identificación de pasajero. Las compañías aéreas tienen absolutamente prohibido transportar equipaje así, por razones de seguridad y para prevenir justamente el contrabando. Voladoras fueron las cuatro maletas que llegaron al aeropuerto español de Barajas, en Madrid, el 17 de setiembre pasado. Contenían 60 kilos de cocaína de alta pureza, cantidad valuada en entre 2 y 3 millones de dólares.
¿Pero fue ese contrabando una maniobra aislada? A ese interrogante apuntó en la tarde del viernes el joven Beltrame. De 26 años, responsable de la atención de los pasajeros frecuentes de Southern Winds (SW) e hijo de quien hasta hace cuatro días era el jefe militar del aeropuerto de Ezeiza, Beltrame habría sido un engranaje decisivo del contrabando detectado en Madrid. Por eso quedó preso el jueves y el viernes declaró durante siete horas ante el juez Carlos Liporace y la fiscal María Gabriela Ruiz Morales. Aunque el juez ordenó esa misma noche el secreto de sumario —para evitar que trascendiera su declaración—, Clarín reconstruyó sus partes fundamentales:
Beltrame aseguró que la empresa SW dejaba pasar valijas sin pasajeros —las “voladoras”— y que lo hacía en forma sistemática desde el 2002. Ese año, Beltrame fue transferido de la sucursal de SW en Aeroparque hacia Ezeiza. Es que ese año, la empresa, hasta entonces una modesta línea de cabotaje, se convirtió en internacional: empezó a volar a Santiago de Chile, Madrid y Miami.
En manos de su abogada Estela Castelli, el viernes Beltrame presentó una pila con “no menos de cien fotocopias” de planillas de vuelo internas de SW donde figuran valijas que habrían sido despachadas sin dueño. Las primeras planillas son del 2002; las últimas de fines del año pasado. ¿Cómo las consiguió Beltrame?, preguntó Clarín. La respuesta de uno de sus allegados fue la siguiente: “Hay gente dentro de la compañía que sabe que él era un simple empleado”.
Voceros de la firma SW, consultados ayer por Clarín, dijeron desconocer la información aportada por Beltrame hijo y dijeron que sólo tienen registrado “un vuelo de valijas sin dueño”, en una oportunidad en la que enviaron folletería para la feria internacional de Turismo, en Madrid, con autorización expresa del Gobierno argentino. “Si es cierto lo que denuncia Beltrame, fue una violación al reglamento interno de la empresa y se hizo con desconocimiento de los directivos de la empresa”, se defendieron.
El “modus operandi” de SW, según dijo Beltrame en su declaración, se haría con la complicidad absoluta de la firma TAS, empresa a la que SW contrató para que se ocupara de los controles de equipaje y pasajeros. En la causa ya está confirmado que SW y TAS compartían una oficina en Ezeiza, lo que en sí mismo no prueba nada. Pero según Beltrame, la relación sería más íntima, acaso de una sociedad. Algo, según él, debe explicar que los controles fueran tan laxos.
Aunque la responsabilidad final del control de lo que sale o ingresa por Ezeiza es de la Policía Aeronáutica (PAN), las compañías aéreas están obligadas a contratar servicios privados que se ocupan del escaneo del equipaje. La estrategia de Beltrame, en ese punto, es evidente que también pretende exculpar a la PAN y así a la Fuerza Aérea, a la que pertenece su padre, el comodoro Alberto Beltrame, apartado de Ezeiza la semana pasada, cuando estalló el escándalo.
En otro fragmento de su descargo del viernes, Beltrame sostuvo que eran los gerentes de la compañía los únicos autorizados en dar luz verde a las valijas “voladoras”. Y que las directivas eran transmitidas a sus gerentes y empleados por correo electrónico, es decir sin el menor cuidado.
Aquí es donde la defensa de Beltrame se ajusta a la de los otros dos detenidos en el caso: el gerente de ventas de la empresa, Fernando Arriete, y el jefe de la base en Ezeiza, Claudio Baudino.
De acuerdo a los procesamientos que el juez Liporace dictó contra los primeros dos detenidos, él sospecha que Arriete fue quien autorizó los embarques de las valijas, con el apoyo de Baudino (encargado de sortear el primer filtro), y que Arriete era el encargado de comprobar el éxito de la operación desde Madrid, donde estaba el 17 de setiembre. Cierto o no, Arriete y Baudino dirigieron sus defensas a culpar de la operación a los directivos de SW, Juan y Cristian Maggio, dos empresarios cordobeces de buena relación con algunos funcionarios del Gobierno nacional. El propio Arriete había ampliado su descargo el viernes —horas antes que Beltrame— en la misma línea: que los Maggio sabían cada paso que daban sus empleados y gerentes.
Cuánto sabían los directivos de SW, cuánto los de la empresa TAS y cuánto los encargados del control aeroportuario, era hasta hoy el eje de la investigación. Los documentos aportados por Beltrame hijo estaban, anoche, sobre el escritorio del juez Liporace. Las múltiples valijas voladoras encierran un misterio todavía mayor. ¿Qué llevaban adentro?
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