Valle de Uco
Un paseo por el Valle de Uco. Nada más que un paseo. Y nada menos, por lo que se ofrece a los ojos. Dicen los lugareños de esta comarca fértil que la primavera y el otoño son las mejores estaciones para gozar del paisaje. Pero el invierno les resulta competencia feroz a las otras estaciones, a juzgar por la nieve que lo ocupa casi todo allí arriba y por el contraste del marrón de los árboles secos aquí abajo.
El Cerro Tupungato, como el volcán de su mismo nombre, es inalcanzable. Pero para los que no tienen el cuero para los deportes de alto riesgo, un recorrido por el manzano histórico donde alguna vez reposó San Martín, es un consuelo leve. Es bien probable que San Martín haya descansado en muchos manzanos y en árboles de otras especies también, pero han elegido uno que hay aquí para que quede en la historia.
Llegar hasta aquí supone una escapada por la ruta 16, 40 kilómetros al sur de Mendoza por la ruta 40, para apuntar camino de la Cordillera. Es verdad que el padre de la patria elegía buenos lugares para su mula y para sí mismo. El Valle de Uco es maravilloso. Las nueces que se ofrecen a 12 pesos el kilo son de un tamaño que pondrían al asalto a todas las ardillas de los dibujos de Walt Disney.
Y las cerezas también. Y las uvas, que aguardan la lágrima de setiembre para anunciar que la sabia ya ha subido desde la raíz y que van a volver a florecer. Y, sobre todo, la manzana. Porque llegamos ahora a Tunuyán, que es la tierra manzanera por excelencia. Las manzanas aquí son como la mejilla avergonzada de una moza rozagante. Un deleite visual primero y gastronómico después.
No son tantas las emociones de estos días, donde los sentidos se han tomado descanso todos, a excepción de la vista. Apenas un recorrido por paraísos terrenales donde viven obreros que sufren un infierno a manos de patrones que son los dueños del paraíso. Casi como en cualquier parte de la Argentina, aquí en el Valle de Uco, en Mendoza. Una costumbre muy humana.
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