VECINOS DE SAN LORENZO RECLAMAN ATENCIÓN
Carina tiene 34 años y llegó al barrio a los ocho. A diferencia de lo que creía en su niñez, si tuviera la posibilidad de irse, lo haría, ya que considera que sus hijos jamás tendrán el futuro que soñaba para ellos. El motivo: las condiciones del barrio lo convierten en un lugar carente de todo.
Calles rotas e intransitables, zanjas que rebasan de basura, yuyos altos, ratas, malos olores, falta de iluminación y la ausencia de colectivos y ambulancias que ingresen al barrio -debido a la inseguridad- son los principales problemas que los aquejan desde hace años y respecto de los cuales no reciben ningún tipo de solución ni respuesta.
“Después de la inundación quedamos peor de lo que estábamos. Nadie quiere entrar a nuestro barrio y la realidad es que hay mucha gente trabajadora que paga sus impuestos. No podemos recibir cartas porque los carteros no entran y no es justo. Estamos olvidados en todos los sentidos”, manifestó Lidia, una vecina.
“El vendedor de garrafas, por ejemplo, entra hasta las 10 de la mañana. Los taxis y colectivos ni siquiera quieren hacerlo y nos terminan dejando lejos de nuestras casas; lo peor del caso es que hay chicos y gente mayor que necesitan del servicio y no lo tienen”, agregó Angela.
Usar la bicicleta es uno de los rasgos más comunes en San Lorenzo. Es que… muchos deben ir a trabajar y no tienen otro medio de transporte -exceptuando sus piernas- que les garantice llegar.
Que las autoridades se hagan cargo de las mejoras prometidas para el barrio en época de elecciones es uno de los mayores deseos de los vecinos, sobre todo, porque son los chicos los que “no tienen derecho a nada; ni de hacer un deporte, ni de ir a natación porque los colectivos no ingresan y no tienen posibilidades de salir del barrio.
“Sólo se preocupan de lo que se ve; de la Costanera y de todas las obras nuevas. La avenida Alem es nuestra, es decir, de todos los afectados por la inundación, porque fuimos nosotros los que perdimos nuestras casas y con esa plata la hicieron”, manifestó Carina.
En definitiva, los ojos brillosos de los vecinos hablan por sí solos. Están cansados de reclamar y de que nadie los escuche ni se preocupe por ellos. Día a día ven que su barrio empeora y que a quienes les compete hacer algo no lo llevan a cabo.
A gritos, los vecinos -muy unidos en el pedido- son unánimes al afirmar que “la inundación ya pasó y ahora el luto es de cada uno. Pero, de todas maneras, que las autoridades recorran el barrio y vean si se puede vivir así, para que empiecen a hacer algo”. Ése es su mayor deseo en estos momentos.
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