VÉLEZ GRITÓ DOS VECES Y PUDO SEGUIR EN CARRERA
Las necesidades suelen acelerar los pasos. Sabía Vélez que no podía andar con vueltas. Sabía que debía ganarle anoche a Once Caldas si pretendía continuar con aspiraciones serias en esta Copa. Y le ganó. Y estuvo bien.
El empate de local ante Unión Maracaibo primero y la derrota frente a Fénix en Uruguay después, había dejado mal parado al equipo de Liniers. Empujado por esa necesidad imperiosa de ganar, entonces, Vélez salió con una elocuente determinación. Y se le fue encima a los colombianos. Con la idea de presionar en campo rival, buscando por abajo y también por arriba. Y, más allá de los errores en la última puntada de cada llegada de riesgo, si tardó en llegar al gol fue porque el juego brusco se apoderó del desarrollo. Eso empañó el traslado.
Santiago Ladino, en medio de aquel torbellino inicial, resultó clave para abrir el camino por el callejón derecho. En el primer partido oficial de la temporada que jugaba, Ladino fue importante en la doble función de contener y abastecer con centros a los delanteros. Así fue como avisó cuando le puso la pelota en la cabeza a Zárate, cuyo cabezazo fue desviado con esfuerzo por el arquero Henao al córner. Y así fue como abrió la puerta del gol: despachó otro centro desde la derecha y esta vez el que cabeceó fue Valdemarín. El 1-0 quedó estacionado junto al poste derecho de Once Caldas.
Pretendió salir el equipo colombiano a partir de entonces. Claro, las necesidades habían cambiado de mano. Recostado en la comodidad del empate, Once Caldas no se había animado demasiado. Y cuando quiso asomar su cabeza (con el buen manejo de Valentierra como principal argumento), le costó. A esa altura ya estaban diez contra diez por las expulsiones de Alcázar y de Somoza, aunque debían estar nueve contra nueve porque el árbitro chileno Rubén Selman les perdonó la vida a Jonathan Fabbro y a Fabricio Fuentes.
En este contexto Vélez ganaba bien en un partido cortado, lleno de fricciones. Le faltaba, eso sí, liquidar la cuestión con otro gol para impregnarle a la noche tranquilidad. Pero si bien sacó el pie del acelerador y mermó la intensidad de la búsqueda, fue capaz de mantener el juego bajo control una vez que empezó a consumirse el segundo tiempo.
Fueron encadenándose los cambios pero el partido, en su esencia, no cambió. Siguió intentando Once Caldas con su endeblez a cuestas. Y Vélez, ya más calmado, sin tanto vértigo, mantuvo su dominio a partir del caudal futbolístico de Batalla.
Buscó el segundo Chilavert a puro tiro libre. Pero tanto ensayo del lunes no se pudo reflejar anoche en la realidad del juego. Probó tres veces, aún cuando en dos ocasiones se las vio mal al volver al arco: un disparo suyo dio en la barrera, otro se fue desviado y otro fue controlado por Henao. Hasta que Batalla dijo basta, combinó con Zárate y gol. Dos a cero. Y asunto liquidado.
El despliegue de Ladino, la conducción de Batalla, la peligrosidad de Valdemarín y Zárate, y aquella necesidad de vencer traducida en la decisión de insistir una y otra vez, le dieron a Vélez los tres puntos para acomodarse de nuevo. Y seguir de pie.
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