VÉLEZ SE ACORDÓ TARDE Y APENAS EMPATÓ CON BANFIELD
Le faltó apetito a Vélez. Una condición indespensable para soñar con el título. En el fútbol hay dos caminos: imponerle las condiciones al rival o someterse a lo que disponga el adversario. Los visitantes casi siempre asumieron una actitud temerosa y cuando reaccionaron y se comportaron como un equipo ambicioso, descubrieron que ya era tarde como para quebrar la apatía del 0 a 0 frente a Banfield.
Como el vértigo le ganó a la razón durante el primer tiempo, el partido jamás pudo apartarse de una combinación entre la intensidad y la medianía. El partido se sintió a gusto en esa voraz desprolijidad. Pero el espectáculo quedó huérfano de emociones. Banfield y Vélez se diferenciaron en sus posturas, aunque ambos se emparentaban en la misma sensación: aburrían con sus propuestas desdibujadas. Y lo que agigantaba la decepción era que se trataba del puntero y uno de sus perseguidores.
El conjunto de Falcioni asumió la iniciativa con las proyecciones de Tavio y la velocidad de Rodrigo Palacio. Pero al goleador del Apertura lo controlaron bien con una marca escalonada. Vélez prefirió la cautela y sólo intentó responder a través de la potencia de Castromán y el intermitente Batalla. Con tan precarias ideas, únicamente sobraron errores en un clima que comenzó a tensionarse por brusquedades y discusiones con el árbitro. Es verdad que el juez Sergio Pezzotta se equivocó en un par de oportunidades. Pero para los dos: ignoró un penal para Vélez por una mano de Sanguinetti, y se apresuró al expulsar a Buján por una falta inexistente sobre Gutiérrez.
Aún con ventaja numérica desde el minuto 35 de la primera etapa, el equipo de Liniers no se liberó de sus precauciones. Como si quisiera que la responsabilidad del partido pasara por su adverdario, desentendiéndose de su condición de puntero. Salvo una media vuelta de Valdemarín sin destino, los visitantes no llegaron con más profundidad. El conjunto del Sur, sin sobrarle claridad, al menos fabricó una acción de peligro cuando Palacio desbordó por la izquierda, enganchó y sacó un derechazo que desvió el arquero Sessa.
Nada parecía cambiar en la etapa final. Pero otra expulsión resultó una bisagra en el juego. A los 13 minutos otra vez quedaron igualados por la tarjeta roja que recibió Fuentes en otra decisión inexplicable de Pezzotta, porque tampoco se observó la supuesta infracción sobre Palacio. Desde allí, aunque paradojica pero progresivamente, Vélez creció. Y Banfield se replegó peligrosamente. Entonces, sólo ahí los visitantes asumieron su condición de punteros y merodearon el gol con un par de remates de Castromán y Jonás Gutiérrez que el arquero Mariano Barbosa salvó magistralmente. Pero fue demasiado tarde. Es que el apetito de campeón debe presentarse como una conducta y no como una esporádica reacción.
Por Andrés Prestileo
De la Redacción de LA NACION
Mal arbitraje de Pezzotta
En un partido intenso y friccionado, el juez Sergio Pezzotta encadenó demasiados errores: no cobró un penal para Vélez cuando Javier Sanguinetti desvió un centro de Lucas Valdemarín con la mano y exageró en las expulsiones de Esteban Buján y Fabricio Fuentes.
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