VELEZ VOLVIÓ A TREPARSE A LA PUNTA
Vélez va en serio. Está invicto, líder, tiene un juego para entusiasmar y un goleador implacable (Rolando Zárate). Le ganó 2-1 a Lanús, en Liniers, por méritos acumulados, por ambición. Y ahora va por más. Va por todo…
Y en la juventud de este Vélez están las explicaciones. Por un lado, el costado positivo: la enjundia, el hambre de gloria, el talento creciente. Por el otro, una cuestión que abre interrogantes: la falta de experiencia, los pecados de juventud. Con lo primero acumuló méritos para ganar. Dominó a Lanús, generó situaciones, se mostró audaz, pretencioso. Con lo segundo padeció. Cuando necesitaba el oficio para sostener un resultado y un desarrollo favorables, dudó y recibió el golpe del empate.
Pero tiene el crédito abierto este equipo de Alberto Fanesi. Ante un rival que venía de hacerle cuatro goles a Independiente (4-2 de local), Vélez fue más con claridad. En el primer tiempo, con el criterio de Somoza (jugó como volante por la derecha en el lugar de Jonás Gutiérrez) y los destellos de Juan Manuel Martínez (reemplazante del goleador Rolando Zárate, quien estuvo en el banco de suplentes por precaución) jugó mejor, se puso en ventaja y mereció más que esa mínima diferencia para irse al descanso. Maximiliano Pellegrino, Juan Pablo Batalla, Martínez y Somoza coquetearon con el gol. Pero no. Apenas ese cabezazo de Batalla, tras un centro de Lucas Valdemarín, se transformó en la luz de diferencia al cabo del primer tiempo.
Ya en el segundo, después de dilapidar un par de contraataques, ese Vélez que entusiasmaba, que generaba adhesiones, aplausos, se deshacía ante una duda defensiva. A los 15, luego de una proyección y un centro de Juan José Serrizuela, Claudio Graf empalmó de primera y estableció el empate. Cuando Lanús ya extrañaba a Rodrigo Díaz. Cuando Luciano de Bruno le aportaba pedacitos de fútbol.
Era el momento de que apareciera el Vélez de la juventud, pero en su versión madura, firme. Y para eso, el técnico Fanesi optó por la experiencia del líder de este grupo: Rolando Zárate (a pesar de una molestia) ingresó por Martínez cuando Vélez más necesitaba de lo suyo, de su especialidad. Entonces, Vélez mostró lucidez, ambición. Y fue. No tuvo la claridad del comienzo. Y cambiaron golpe por golpe. Así hasta que, a los 41, cuando el empate parecía una sentencia, Pellegrino salió rápido, Gracián se la pasó al goleador del Apertura (y ahora también del Clausura) y definió. No había tiempo para reacción. A esa altura, la felicidad ya era el presente de Vélez.
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