Verano en invierno
La ventana de un iglú agenciado para acompañar el paisaje nevado muestra la Cordillera de los Andes a lo lejos, irrumpiendo entre unos álamos que se sacuden como los de la plaza de la Moneda cuando lo derrocaron a Allende. Del otro lado, sobre la precordillera, los álamos ni respiran.
Salgamos a la calle a comprobar el fenómeno. Sí. Efectivamente. Arriba está nevando. Los cerros derraman su baba blanca. Allí el cielo se oscurece. Aquí no, aquí ha llegado el zonda, ese viento que se levanta frío en el Pacífico y cuando choca con la Cordillera se convierte en una potente brisa tibia. Allá nieve, aquí zonda, más lejos frío y seco.
Desde Uspallata se pueden sentir los tres climas y ver el lugar exacto en el que se modifican. Allí se lo toman con naturalidad, pero los forasteros no salimos de nuestro asombro. Viene bajando un turista enfundando en campera y mameluco de esquiador con gorro de lana. Un camionero lo mira en mangas cortas desde un parador.
El clima de Uspallata es acogedor y ya nos dicen que han abierto el paso del Cristo Redentor, que podremos ir camino de la nieve. Será mañana, porque hoy hay que insistir con el clima. De momento el viento zampa cachetadas de hojas de álamo, de momento hay una calma inusual. Todo con el cielo partido en tres porciones: la oscura en la Cordillera, la levemente nublada en Uspallata, la diáfana más allá del valle.
Ahora el zonda cesa y llega el frío que pretende imponerse. Los camioneros de mangas cortas han arrancado hacia Chile. Una leve llovizna se acerca. Sobre los cerros se despeja. Cuando caiga la tarde será al revés. El sol se notará por fin bajando la cortina de Los Andes y manchando de rojo sangre la cordillera. Las nubes son de nosotros y las penas de los gendarmes que están parados custodiando el camino .Una profesora de Geografía por favor.
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