Vermouth de Cataratas
Ayer no pudo ser San Javier para dormir. Quizás a uno lo apesadumbró la leyenda del Cerro Monje, quizás el paisaje no resultó nada atractivo.
Lo primero tiene que ver con lo que se cuenta desde 1867. Dicen que un capitán sobreviviente de un buque italiano que naufragó en el Río de La Plata, prometió “si me salvo haré 30 años de penitencia”.
Con una chalupa remontó el Río Uruguay y llegó a este sitio. Escaló el monte y de una piedra brotó un chorro de agua. Lo entendió como mensaje divino. Se quedó para siempre, dejó crecer su barba y evangelizó en la zona. Nada seductor.
Ha de ser que lo segundo -lo poco atractivo del paisaje- nos guió a Puerto Panambí, por el corredor de una ruta de asfalto incipiente , en serranías que ameritan visitarse y siempre con el río Uruguay como ladero inseparable. Pero, como si la suerte de ser expulsado nos hubiera sido contagiada por los jesuitas, Puerto Panambí también obligó a la retirada.
Es que ayer había que cumplir con compromisos laborales y Puerto Panambí tiene otro ritmo. No hay nada en Puerto Panambí, a menos que como algo se cuente una balsa desvencijada que cruza al Brasil en un sospechoso paso internacional. Ni teléfono, ni mucho menos internet, ni servicios. Ha de haber sido por eso que Puerto Panambí nos pareció hermoso, pero Oberá, la segunda ciudad de la provincia roja, sabe ofrecer contacto con la civilización y allí fuimos.
Ya nos explican en dos minutos como son los dos años que tara la planta de la yerba en llegar a nuestro desayuno. Ya nos mandan a empaparnos de la Fiesta de los Inmigrantes. Pero, si de empaparse se trata, yo quiero que sea siempre en el Salto Berrondo.
A 8 kilómetros de Oberá, desandando la Ruta 14, está la caída de agua que es un bálsamo para el calor pegajoso y un atractivo poco explotado por lo que tiene para mostrar.
Es el primer contacto real con una zona pre selvática. Es una ducha natural que cae de 30 metros sobre las piedras o sobre los cuerpos de los que se atreven. Es un arroyo que se pierde por recovecos obstinados en una zona parquizada donde los únicos que se mecen son los pinos.
Con las disculpas que me merecen San Javier, Puerto Panambí o la misma Oberá, yo me quedo en Salto Berrondo.
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