“VI CÓMO DEJARON MORIR A UNA CHICA ACCIDENTADA EN LA PANAMERICANA”
Carlos Tomás fue testigo de un accidente en la Panamericana. Por esas cosas del destino, una chica de 17 años, Pamela L., murió en sus brazos. Tomás acusa a la concesionaria Autopistas del Sol y a la Gendarmería Nacional de no haber hecho lo suficiente para salvar esa vida. “La dejaron morir”, dice, y deja claro que está dispuesto a dar su testimonio ante la Justicia.
Tomás, de 32 años, había salido de su casa de La Horqueta rumbo a su trabajo, en Barracas, Capital Federal. Antes de las 8 de la mañana, dejó a sus mellizos en el colegio y subió en Márquez y Panamericana. Manejaba el Renault 19 de su padre.
A poco de andar —en la Comisaría 10º de San Isidro explicarían luego que fue sobre el puente de Fondo de la Legua— una luz roja se encendió en el tablero del auto. Un problema eléctrico. “Paré en la banquina, bajé, abrí el capot, toqué el cablecito del alternador y lo arreglé. En ese momento escuché ¡pum!”.
En el tercer carril de la autopista, un Fiat 147 había detenido su marcha por motivos que se desconocen. Un vehículo Fiat Iveco, chárter de una empresa privada que venía desde Baradero, no pudo esquivarlo y golpeó al 147 en la parte trasera izquierda.
“Levanté la vista y vi al micro que arrastraba unos metros al 147. Del auto empezaron a salir chispas y de repente, fuego. Quedaron a unos 10 metros de donde yo estaba parado. No lo podía creer. Bajé el capot y busqué el matafuego, pero como no era mi coche, nervioso, no lo pude encontrar. Casi me muero cuando mi viejo me explicó que adentro del auto había uno”.
El chárter avanzó un poco más y se detuvo. Marcelo Rodríguez, subcomisario de la comisaría 10º de San Isidro, dijo a Clarín que el minibús circulaba a 80 kilómetros por hora, según registró el tacómetro. El chofer y otros testigos declararon que el Fiat 147 estaba detenido.
Adentro del 147, dos personas seguían sentadas en sus asientos, sin poder reaccionar. Al volante, Cristian Carrizo (22 años, empleado) y junto a él, su amiga de 17 años Pamela (estudiante, por razones legales no se difunde su apellido). Cristian la llevaba a Capital para que se atendiera de un problema de asma.
“El fuego se empezó a comer al auto. En eso, una camioneta Cherokee paró y se bajó una mujer con acento brasileño. La chica que estaba adentro del auto rompió el vidrio de una patada y la brasileña la ayudó a salir. Pero la chica se terminó cayendo. Tenía el pelo largo hasta la cintura, con algunos mechones chamuscados. La brasileña me pidió que la sostuviera y yo me quedé con la cabeza de la chica entre mis manos”.
Adentro del auto en llamas, Cristian Carrizo seguía aturdido. “La brasileña le gritaba que saliera, hasta que lo logró. Tenía la mitad de la cara muy colorada, como si se hubiera quemado con el sol”. Los autos seguían pasando sin detenerse. La brasileña se subió a la camioneta y se fue. “Tenía las cejas chamuscadas y estaba desfigurada por la desesperación. Fue muy valiente”, reconoce Tomas.
Carrizo estaba en estado de shock. Tomas escuchó que preguntaba: “¿Quién es esa chica que está tirada (por Pamela)? ¿Por qué se incendia ese auto?”.
Tomás calcula que pasaron unos 10 minutos hasta que llegaron dos móviles de Gendarmería Nacional. “Estos entienden, van a asistir a los heridos”, pensó. Pero los gendarmes se quedaron a unos 70 metros del lugar del accidente, ordenando el tránsito. “Yo les gritaba: ‘Hijos de puta, vengan a ayudar’. Y los tipos, nada. Ni se acercaron. Para Gendarmería, no tengo palabras”, dice Tomás.
Enseguida, el Fiat 147 hizo “una pequeña explosión”. Tomás escuchó un soplido, como si se hubiera volado la válvula del tubo de gas del auto. El temor a una explosión mayor hizo que arrastrara a Pamela —sangre en la boca, espuma en los labios— hasta donde estaba su Renault 19, para protegerla. “Me pareció que ya no respiraba, le toqué el cuello y ahí ella se movió un poco”.
Al poco tiempo —5 minutos después— llegaron dos vehículos de Autopista del Sol. “Primero una camioneta y luego un auto. Recién se me acercaron cuando dejé a la chica acostada y me paré. Un pibe con remera negra fue, la miró, no vi si le tomó el pulso, volvió a buscar una manta corta y la tapó. ‘Sacale eso porque te mato’, le dije. ¿Cómo la va a tapar sin intentar reanimarla, si ni siquiera sabía si la chica estaba muerta?’.
En ese momento, escuchó que alguien preguntaba: “¿Este auto de quién es, qué hace acá?”. Tomás respondió que era suyo, que se había detenido por un desperfecto. “Te agradecemos mucho. Ahora andate”, le dijeron. “Y cada vez que quería hablar, me decía lo mismo: ‘Te agradecemos mucho’. Me subí al auto, miré el reloj —eran las 8.31— y manejé hasta el trabajo como un zombie”. Se fue sin ver una ambulancia. A Carrizo lo llevaron luego al hospital de San Isidro. En la comisaría 10º dijeron que la autopsia determinó que Pamela murió por “traumatismo de cráneo”. Tomas entiende que podría haber tenido otra atención. Y quiere decirlo, para honrar la memoria “de esa mujer de fierro, que se la rebancó, que luchó para salir del auto”. La chica fue inhumada ayer a la tarde en San Fernando.
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