VIAJE A LA ILUSIÓN
El primer síntoma impulsa el entusiasmo: Marcelo Bielsa, en la antesala de dos meses decisivos en su segundo ciclo, luce una distensión que parece impropia del momento. Sonríe, explica sin recortar sus respuestas y hasta se da un lujo ajeno a su discurso habitual: la broma. Es un Bielsa perceptiblemente más cercano, más visceral, menos automático. Justo antes de la Copa América y de los Juegos Olímpicos, el técnico de la Selección habla con naturalidad de temas capaces de instalar polémica. No los esquiva; los explica. Y convence: la supuesta dilación en la entrega de la lista para los Juegos Olímpicos, tras sus razones, no es ni más ni menos que un detalle de escaso significado. No hay polémica. Queda claro: la lista fue entregada en tiempo y forma.
Un detalle sostiene la idea de que la lista estaba confeccionada con suficiente antelación: Gastón Aguirre, quien se lesionó gravemente el 23 de mayo, estaba entre los 50 preseleccionados.
“No recuerdo bien pero hace más de tres semanas la entregué en AFA. La lista estuvo siempre a disposición y creo que nunca hubo ningún inconveniente. Argentina no incumplió en nada y este es un problema inexistente”, dijo Bielsa. Quedó claro.
De todos modos, el jueves el Comité Olímpico Internacional (COI) había intimado al máximo ente deportivo de Argentina (COA) para que girara una lista provisoria en 24 horas como máximo. Y hasta trascendió que peligró la participación del seleccionado nacional.
En referencia a la inclusión de Ariel Ortega, quien hace un año y medio que no compite oficialmente por una inhabilitación de la FIFA, Bielsa explicó que su presencia fue posible por el margen que le otorga elegir 50 jugadores. “Lo puse porque está dentro de los 50 futbolistas que considero para jugar los Juegos. Pero esto no quiere decir que intuya que vaya a resolverse su situación. No estoy al tanto”, expresó.
Ortega fue suspendido por la FIFA hasta que un club abone 11 millones de dólares al Fenerbahce de Turquía, entidad propietaria del jugador y promotora de la sanción por un incumplimiento contractual.
—Bielsa, ¿por qué no se hizo pública esa lista con anterioridad?
—Ir a los Juegos ilusiona a los designados. Creí que no era necesario multiplicar por 50 lo que tiene que ver con 18 nombres. Me gusta tomar decisiones que cuando se hagan públicas sean definitivas.
El humor de Bielsa tiene una doble validez: sucede en un momento de convocatorias muy complicadas. La ausencia de Hernán Crespo (valoró sus capacidades, pero evitó detalles de su deserción), las concesiones que debió hacer con el Real Madrid por Walter Samuel, con el Valencia por Pablo Aimar y con el Villarreal por Gonzalo Rodríguez. No es poco un técnico entusiasmado a pesar de tales circunstancias adversas.
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Rafael Bielsa es, además de Canciller de la Nación, el hermano del entrenador del seleccionado. Y una de las personas que más lo admira y aprecia. Caminaron juntos los días en los que los sueños de cada uno se garabateaban en el horizonte, incluso cuando la distancia del exilio inevitable de Rafael los separó. Y Rafael, ahora, en una entrevista con Clarín había conjeturado que su hermano “por ahí” dejaba el puesto “si le va mal en la Copa América”.
Y ayer el entrenador respondió: “No tiene nada que ver con mi pensamiento. Lo que imaginó mi hermano no tiene nada que ver con lo que pienso. Nunca hago hipótesis y muchísimo menos planteadas sobre el peor escenario”, afirmó.
—¿Le molestó esa opinión?
—No. Ese mensaje viene de una de las personas que más me quiere. Es cierto que mi hermano me conoce mucho, tal vez, más que nadie, pero esto confirma lo contrario. Insisto que yo no hago hipótesis y menos imaginando el peor escenario porque cuando voy a competir siempre soy optimista…
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Es la última conferencia de prensa en Argentina antes de los amistosos en Estados Unidos (ante Colombia y frente a Perú), de la Copa América y de los Juegos Olímpicos. Y habla del futuro inmediato: “No creo que el grupo de la Copa América que nos tocó sea el más difícil. Nosotros somos respetuosos de los rivales, pero nos importan nuestros jugadores y la fuerza de Argentina es respetable”. Dice, después de 127 minutos, y vuelve a entregar una sonrisa módica. Es Bielsa en su versión ilusionada.
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