VIAJE A LA PLAYA CON FINAL TRÁGICO Y MUCHAS DUDAS
Un ómnibus que —se afirma— iba demasiado rápido, una ruta angosta, y la falta de cinturones de seguridad (porque la ley provincial que obliga a tenerlos aún no está reglamentada), confluyeron ayer para que se precipitara una tragedia que quizá podría haberse evitado.
Cuatro personas murieron y otras 48 resultaron heridas —tres de gravedad— cuando un colectivo de larga distancia que se dirigía hacia las ciudades balnearias de Pinamar y Villa Gesell se accidentó a la altura del kilómetro 41 de la Ruta 56, a sólo 20 kilómetros de la localidad de General Madariaga.
Es el accidente de mayor envergadura de la Costa Atlántica en lo que va de la temporada. Según la fuentes policiales consultadas por Clarín, a las 4.30 de la madrugada del lunes, el interno 104 de dos pisos de la empresa Alvarez Hermanos rozó su costado izquierdo con el de un pequeño camión de carga que circulaba en dirección contraria, hacia la localidad de General Conesa. El ómnibus terminó por perder el control y siguió por el asfalto unos 150 metros más, cruzó de carril y cayó violentamente dentro de una amplia alcantarilla hasta incrustarse contra un talud de tierra.
La escena posterior al desenlace mostraba asientos y vidrios desparramados por la banquina. Al momento del choque, las butacas superiores y algunos pasajeros fueron despedidos del vehículo, saliendo por las ventanillas de adelante. Muchos de ellos quedaron aprisionados contra la parte delantera. Todos los pasajeros, en mayor o menor medida, resultaron heridos y tuvieron que ser hospitalizados de inmediato.
Todavía algo desorientado y con sus ropas empapadas en sangre, Ezequiel Ciurana (30) le dio a Clarín su versión de lo sucedido. “La mayoría veníamos durmiendo. Me desperté cuando el micro se fue para abajo y se clavó. No vi al camión. Salí solo del colectivo y saqué a mi novia que estaba atrapada adentro. Estuve 40 minutos sacando gente. Me corté las manos intentando romper las ventanas para sacarlos”. Otra pasajera afirmó sin dudar que “el micro iba muy rápido”.
El 2ø Jefe de Bomberos de Madariaga, Eber Medina, supervisó las tareas de rescate: “El lugar era un caos. Había gente afuera, adentro, algunas deambulando, otras que no entendían lo que pasaba”. El Capitán Roberto Magrassi, comisario de Madariaga, informó que tres de las cuatro víctimas del accidente murieron en el lugar. Uno de ellos es el chofer del colectivo, Miguel Angel Derisio, quien recién pudo ser identificado once horas después del accidente, cuando el micro fue retirado de la zanja. Los dos restantes fueron reconocidos oficialmente como Alberto Altolaguirre, uruguayo, de 55 años, quien viajaba con su hijo de 17 años, y Elsa Springer, de 72; Jessica Ponce, de 23, murió a las 16.50 en el Hospital Interzonal de Mar del Plata Oscar Alende.
Del total de los heridos, 34 fueron trasladados al Hospital Municipal de Madariaga, 12 al de Pinamar y el resto al de Villa Gesell. Cuatro de los más graves (entre ellos, la fallecida Ponce) con politraumatismos severos, fueron derivados al Hospital Interzonal de Mar del Plata, y según su director ejecutivo, Rómulo Tamini, “permanecen en estado muy crítico”. El último en ingresar (a las 14) fue el acompañante del chofer, Leonel Prados (26), que presentó un cuadro grave con fracturas en los huesos de la cara.
Todavía no se conocen las verdaderas causas del accidente. Mientras la policía de Madariaga prefirió “no dar culpables antes de estar seguros”, el gerente de Alvarez Hermanos, Emilio Alvarez, negó que el chofer del colectivo haya tenido responsabilidad: “había cumplido con su descanso reglamentario” dijo a la agencia de noticias DyN. Además, apuntó contra el camión como responsable del accidente: “todo fue una gran tragedia porque el camión se le vino encima, tocó al micro, éste perdió el control y terminó incrustado justo en la alcantarilla. En 35 años de actividad nunca pasó esto. Estuvimos con algunos de los pasajeros tratando de hacer todo lo que está a nuestro alcance”.
El camión, un Volkswagen 9-150 blanco con destino final en Olivos, era conducido por Carlos Mario Miño (26) y trasladaba a ocho personas (increíblemente ninguno sufrió heridas). Tras el roce con el colectivo, se detuvo a metros de la zanja. Miño, que vive en La Salada, Corrientes, quedó demorado en la comisaría de Madariaga, al igual que el vehículo, que muestra claramente la marca del choque. Los nueve volvían de trabajar en la Costa en una empresa de armado de stands.
El ómnibus salió de la localidad bonaerense de Escobar a las 23, y levantó a algunos pasajeros en Pacheco, Don Torcuato y Ciudadela.
Participaron del operativo de rescate policías y bomberos de General Madariaga, Pinamar y Villa Gesell. Los pasajeros fueron trasladados por ocho ambulancias (colaboraron móviles privados de la concesionaria Caminos del Atlántico) y tres helicópteros.
Uno de los primeros en llegar al lugar fue el Teniente 1ø Guillermo Ríos, jefe del destacamento de Policía Vial: “Nos enteramos por un móvil de rutina que llamó al número de emergencia del concesionario vial. Las tareas de rescate fueron muy difíciles por la posición del vehículo. Hubo que romper vidrios y sacarlos con escaleras”.
A pesar de la magnitud del accidente, el Hospital Municipal de Madariaga pudo atender a la mayoría de los heridos, excepto los más graves. “Fue complicado porque ingresaron 34 heridos en el lapso de una hora y media, más dos muertos a la morgue. Llegaron algunos menores de edad, niños, adolescentes, de todas edades”, explicó el director del hospital, Daniel Catalán.
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