Víctimas de Ilarraz volvieron a reclamar que se acelere el proceso
La defensa entregó como prueba una serie de cartas que Ilarraz envió a sus víctimas cuando estaba en el exterior.
Víctimas de los abusos del cura Justo José Ilarraz, volvieron a dirigirse públicamente a las autoridades que tienen a cargo la causa. En una carta enviada a ANÁLISIS DIGITAL, recalcaron la necesidad de acelerar el proceso y recordaron a la jueza Paola Firpo, quien dirige la instrucción, que “tiene en sus manos todos los elementos necesarios para procesar” al religioso. En el texto, se refirieron a una de las últimas medidas tomadas en la causa, a través de la cual la magistrada citó a tres víctimas para que reconozcan una serie de cartas -ofrecidas como prueba por la defensa-, que les había enviado el cura cuando se encontraba en el exterior. “No queremos perturbar la labor de la jueza, pero sí pedimos y solicitamos el correcto discernimiento de los consumados abusos, tan lamentables y penosos. Se debe esclarecer, no extender la agonía de víctimas, familias, familiares y amigos, exponiéndolas a desfilar una y otra vez por tribunales, sólo por las maniobras dilatorias de la defensa”.
De ANÁLISIS DIGITAL
Las víctimas del cura Justo José Ilarraz volvieron a reclamar que se acelere el proceso contra el religioso. Se dirigieron a la jueza de la causa y cuestionaron que “busque y se desplaye por temas que sólo hacen extender y desviar el principal y único objetivo en la causa”. Cabe destacar que desde septiembre de 2012 -cuando inició de oficio la causa por corrupción agravada de menores-, el expediente ha pasado de un despacho a otro en tribunales, debido a que agotó en la provincia todas las instancias de apelación y queja, en las que la defensa reclamó la prescripción de los hechos denunciados. Luego de atravesar ese largo camino, recién desde fines del año pasado comenzaron a tomarse medidas en torno a concretar la investigación propiamente dicha. Sin embargo, en mayo de 2015 y habiendo realizado la indagatoria, aún no se decidió nada sobre la situación actual del cura en cuanto a la imputación.
En este largo proceso, las víctimas continúan esperando definiciones concretas. “Creemos que la jueza actuante, Paola Firpo, tiene en sus manos todos los elementos necesarios para procesarlo. Además, en varias oportunidades, tanto el Arzobispado de Paraná como el propio cardenal Estanislao Esteban Karlic, confirmaron los abusos sucedidos en el Seminario. En 2012 se sumó el entonces cardenal y actual Papa Francisco, Jorge Bergoglio, y repudió también los hechos”, recordaron. “Solo resta distinguir para unir a esta Iglesia dividida por manipulaciones y falsas teorías corruptas. Es por eso que no sabemos por qué la jueza se demora en hacerlo”, se preguntaron.
“Queremos y creemos en una justicia independiente, que analiza la magnitud de los hechos, desde la ejecución de los abusos realizados por el cura Justo José Ilarraz, hasta quienes fueron responsables directos -sacerdotes, obispos y cardenal-. Ellos se enteraron en tiempo y forma que no actuaron ni decidieron acciones de acuerdo a las reglas, su conciencia y su corazón, sino que sólo desarrollaron investigaciones tibias, favorables y a destiempo, quedando al descubierto la desprolijidad. Así lo relata el testimonio de un sacerdote. La actuación en el caso fue mala desde el comienzo, porque fue considerado como si solo se tratara de papeles y traslados, y no se pensó en próximas posibles víctimas; se minimizaron hechos que para ellos son sencillos de solucionar, pero para víctimas de abuso son una carga interminable, perturbadora y doliente que en absoluto merecíamos”, advirtieron en el texto.
Recordaron además que el cardenal emérito dice “‘quiera Dios’ que toque el corazón y la conciencia de aquellos que todavía no toman conocimiento o no se dan cuenta de la gravedad institucional (Iglesia) y social que se produjo”. En el mismo sentido, agregaron que esa gravedad no sólo se configuró “porque se halla conocido el caso, al poder quebrar el bozal de aquella época, sino porque se pidió a seminaristas, víctimas o no, que no se hable ni divulgue el tema Ilarraz”. Así “se lastimó desvergonzadamente la dignidad personal y familiar cristiana, comprometida, que confiaron ciegamente en tan prestigiosa institución de formación humana, y dentro de ella, con aspiraciones a sacerdotes”.
“Ninguna responsabilidad ni culpa tenemos de los hechos, ninguna”, marcaron.
“En el marco de silencio, y después de haberlo contado primeramente siendo niños y adolescentes, y también en estos tiempos como adultos, seguimos viendo la falta de respuesta concreta de parte de la Iglesia. A saber, al tomar conocimiento de los hechos y creer en los mismos, lo tomaron mansamente, no aportaron, no generaron en los denunciantes la satisfacción de que se habían animado romper ese velo de reverencia y respeto por ese sacerdote Justo José, y haciéndoles saber, como niños, el hecho heroico de revelar algo muy personal, como así se lo llamaba. Puertas adentro no fuimos compensados con un grato agradecimiento, buscando ser coherentes con la religión, no le contaron a nuestros padres el valor que teníamos como víctimas confundidas, angustiadas, sumergidas en la duda y el temor de haber hecho lo correcto. O, tal vez, luego de pasar un tiempo de haber hablado y que no se avanzara en la causa, provocaba en su interior otra pesadilla más, la traición, no solo a ese ‘amigo íntimo’, ‘amigazo’ que cuanto más abuso y permitir más confianza, eras más amigo, sino también traición a la Iglesia, creando confusión, miedo, angustia y soledad en sus vidas”.
Pese a todo eso, las víctimas sí destacaron y agradecieron “el ímpetu y voluntad de las autoridades de tribunales de Paraná para aclarar e impartir Justicia, al procurador General Jorge García, a fiscales y abogados, también una mención especial a las distintas Cámaras, que con tanta responsabilidad y seriedad resolvieron las instancias de chicanas propuestas por la defensa del cura, al Supremo Tribunal de Justicia de Entre Ríos que se puso en la piel, no solo de los adultos abusados denunciantes, sino también pensando en sus familias y familiares, reviendo y releyendo el expediente, observando cada declaración delatora de víctimas y testigos, en el tiempo y espacio físico donde actuaron, y viendo qué cargos se les habían designado en las tareas al cura. El cura que primero fue sacerdote, luego profesor, confesor, director espiritual -era el cura guía en el camino cristiano y sacerdotal-, prefecto de Disciplina -a cargo de los chicos de primero y segundo año de 12 años en adelante-, administrador del Seminario. Está claro que estas responsabilidades le generaban poder e impunidad”, subrayaron.
Aclararon que no pretenden ser reiterativos. “Queremos lo justo para cada uno, como la ley dice, queremos justicia, la queremos auténtica y original, independiente e igual para todos”, marcaron y añadieron: “Todos somos bautizados, todos somos hijos de Dios, todos merecemos ser felices, ellos tuvieron su oportunidad para salvaguardar a todos, privilegiaron al reo, desprestigiaron a la víctimas y sus familias, e incluso a futuro”.
Aclaración
Antes de concluir, las víctimas aclararon que “no se apunta a desmerecer en absoluto la casa de formación (Seminario), que nada tiene que ver. Tenemos amigos, recuerdos, anécdotas, experiencias y vivencias, pero así como rescatamos a estas con cariño, abortamos y descalificamos las malas, pecaminosas y manipuladoras acciones de quienes convivían con nosotros”. En la misma línea, hablaron de “mayores tutores, debiendo velar por lo que fue nuestra integridad corporal y espiritual, debido a que éramos niños de entre 12 y 16 años. No olvidar, gurises cargados de ilusiones y esperanzas, pero lamentablemente encontramos el horror de un ser humano llamado Justo José, como primer responsable en este caso particular, y luego llegarían el manoseo y conveniencia de la causa, tomando decisiones de privilegios y silencios sobre las cabezas de las víctimas. Uno de los responsables lo envió al cura a estudiar, otros le otorgaron cargos y ascensos, que de nada le sirvieron a la hora del cara a cara con el Creador, porque no cumplieron con las responsabilidades como bautizados, padres, hijos, hermanos, ciudadanos, pastores”.
Por todo lo expuesto, aprovecharon para “llamar a la verdad de corazón y a conciencia, no a la conveniencia personal ni grupal”. Exhortaron a “hacerlo con libertad y sin presiones, sin miedos ni culpas, a toda persona o personal que será citada a declarar, si así demandara la jueza actuante o por voluntad propia, a prestar su sincera y franca declaración. No tengan vergüenza, parientes, hijos, sobrinos estarán agradecidos y orgullosos de sus pares que revelaron sin tapujos los aberrantes atropellos”.
Y cerraron: “Sacar afuera es sanador, da equilibrio, equidad y libertad, yugo suave y carga ligera. Seamos participes de la verdad, la verdad nos hará libres, en todo sentido y profesión. Solo es un llamado de reflexión y opinión hacia toda la sociedad, comprometida para el bien común. ‘Aprendí que el coraje no era la ausencia del miedo, sino el triunfo sobre él’ y que ‘el valiente no es quien siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo’, dijo Nelson Mandela. Esperemos que el mensaje encuentre oídos”, concluyeron.
Fuente: Análisis Digital
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