Villa Catedral
El Cerro Catedral ha sido, históricamente, uno de los factores aglutinantes de turismo más importantes para San Carlos de Bariloche. Si bien no espanta a ningún montañista con su altura menor a los 2.400 metros, sus condiciones para los amantes de los deportes de nieve lo han convertido en el más grande centro de esquí de toda la América Latina. Y desde hace unos años, además de nieve, el Cerro tiene shoppings y viviendas fastuosas en su base.
El Catedral tiene para todos los públicos. Un asiduo concurrente al esquí que reside en Bariloche lo deja claro. “Como hay varias pistas es probable que uno ni se cruce con los estudiantes. Ellos pueden subir por un circuito, de hecho lo hacen, y vos podés estar exactamente en el punto opuesto”. Justamente, las opciones de “medios de elevación”, también están relacionadas a las posibilidades económicas de los visitantes.
Un paseo en aerosilla se puede obtener por 45 pesos pero, si uno desea acceder en telesférico, deberá desembolsar 85, sólo para hacer caminatas en la nieve de arriba, porque subir con los esquís también incrementa el precio. Otro local, que aprovecha que la concurrencia ha comenzado a decrecer, dice que “al que vive acá le conviene obtener el pase para toda la temporada porque así paga menos: 350 pesos”.
Pero hoy por hoy, ir a la base del Catedral no supone únicamente pretender esquiar. Es más, hasta se podría pasar el día engordando la vista desde abajo y sin calzarse botas ni ropa acorde, tan solo recorriendo las instalaciones de los centros comerciales que se han montado en la base. Hace algunos años, apenas había un parador, hoy hay una villa que incluso, ya cuenta con residentes fijos.
Las edificaciones, en su mayoría, rememoran a las de la legendaria serie norteamericana “Dinastía”, aunque las Linda Evans de ahora son bastante más flacas y tienen la cara quemada por el reflejo del sol y la nieve. Las compañías de teléfono celular, las principales gastronómicas de Bariloche, las mejores de alquiler de pilcha, todas ya han invertido en Villa Catedral, que florece sin necesitar de la llegada de la primavera.
Al caer la tarde, los esquiadores aficionados o los más idóneos –que por otra parte tienen pistas acordes a las destrezas de cada uno- vuelven a la base y degustan el tradicional chocolate caliente, a precios pensados para el primer mundo o, simplemente, apuran el tradicional chori con coca, algo menos económico que en los estadios de fútbol. Al bajar del cerro, es probable que pasen por la zona de los Barrios Altos, donde vive la Bariloche oculta. Quizás ni presten atención porque nadie le muestra ese paisaje a los turistas.
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