VIOLACIONES: SEIS DE CADA DIEZ VÍCTIMAS SON MENORES
Con más o menos detalles, las noticias sobre ataques sexuales se suceden. Una adolescente fue asaltada y violada en un descampado cuando volvía a su casa; una nena apareció asesinada y con evidentes signos de abuso; una cita a ciegas terminó de la peor manera; una mujer mató al marido luego de años de sometimiento, incluido el sexual.
Son casos individuales que trascienden y conmocionan, pero sólo representan una pequeña parte de la realidad de las violaciones, entre el 10 y el 20 por ciento del total real, según los especialistas. Estos coincidicen, además, en que casi con exclusividad las víctimas de este delito son mujeres. Las excepciones son los nenes u hombres adultos, en general con discapacidad mental.
En la Provincia de Buenos Aires las estadísticas oficiales indican que cada mes unas 100 violaciones se “blanquean” a través de la denuncia: fueron 1.220 en el 2004, casi el doble que hace cinco años, cuando se registraban 54 casos al mes.
Pero las cifras policiales —a las que tuvo acceso Clarín— muestran otro fenómeno, especialmente doloroso: seis de cada diez ataques sexuales tuvieron como blanco a menores de edad.
En números: de las 1.220 denuncias tomadas el año pasado, 709 fueron de violaciones a adolescentes y nenas. Y la proporción se mantuvo en el primer semestre de 2005, durante el cual las comisarías recibieron 588 denuncias, 346 de ellas con víctimas de 18 años para abajo.
“Por un lado son más vulnerables. Eso los hace un blanco fácil tanto si se tiene en cuenta una problemática de violencia intrafamiliar como una problemática de inseguridad con un atacante desconocido”, le explicó a Clarín Xavier Oñativia, del Centro de Protección de los Derechos de las Víctimas del Ministerio de Justicia bonaerense.
Según la experiencia de Oñativia, que trabaja como coordinador psicoasistencial, “cuando hablamos de menores, hablamos mitad de adolescentes y mitad de nenes y nenas. Quienes recurren a nosotros en la mayoría de los casos son gente humilde que no tiene plata para pagar una contención privada”.
“Entre mayo de 2004 y julio de 2005 nosotros atendimos 132 casos de violencia sexual y el 60 por ciento de esos delitos fueron contra menores”, agregó Oñativia, coincidiendo con los números del Ministerio de Seguridad de la Provincia.
Otro dato: las violaciones y los abusos sexuales son el segundo motivo de consulta y contención en el Centro. Sólo lo superan los trabajos con familiares de personas asesinadas.
No todas las víctimas de violacion piden ayuda: la vergüenza, la desconfianza en las instituciones, las represalias del agresor desalientan la denuncia. Y, si lo hacen, no siempre eligen el mismo lugar. Para empezar, la violación es un delito que no puede investigarse si quien la sufrió no lo autoriza. Sólo en los casos con chicos víctimas de abusos de familiares existe una obligación de terceros de actuar.
Estos últimos casos generalmente entran al sistema a través de las comisarias de la Mujer. En la provincia de Buenos Aires, además de las seccionales comunes y corrientes, existen 14 comisarias de la Mujer. Y allí recurren parte de las víctimas de abusos sexuales.
Estas dependencias están a cargo de la Dirección General de Coordinación de Políticas de Género del Ministerio de Seguridad y cuentan con sus propios registros. Segun las cifras tomadas por ellos entre junio y agosto de 2005, de los 89 casos de abuso sexual atendidos, 41 fueron “víctimas menores femeninas”, 11 “víctimas menores masculinas”, 35 ” víctimas mayores femeninas” y sólo 2 “víctimas mayores”.
“A nuestras comisarías se las asocia más con la problemática familiar asistencial. Por eso los casos de menores víctimas de abuso que nos llegan tienen que ver con violencia doméstica”, le dijo a Clarín la inspectora Liliana Balacco, coordinadora de las seccionales. “Casi siempre los denunciantes son maestros, vecinos o familiares que están fuera del nucleo”, agregó.
“La violación es uno de los delitos mas difíciles de medir. Las mismas características del acto ocultan su dimensión social. La violación no se confiesa en la mayoría de los casos”, explicó Mariano Ciafardini, Director Nacional de Política Criminal.
Por eso a veces el aumento de este tipo de denuncias es algo que los especialistas ven con optimismo: más víctimas se animaron a hablar. Porque confiar no es fácil, porque las heridas son demasiado profundas aún en los casos— como las encuestas de victimización— en los que el anonimato está garantizado.
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