VOLVIÓ CON SU FAMILIA UN ADOLESCENTE QUE HABÍA DESAPARECIDO HACE 16 MESES
Después de haber pasado 16 meses desaparecido, Silvio Daniel Bina, de 15 años, se reencontró con su familia en su casa del barrio La Unión, en Ezeiza. La Policía lo halló el jueves pasado en un cortadero de ladrillos de la localidad cordobesa de Almafuerte. Fue posible localizarlo después de que una vecina hiciera la denuncia a Missing Children luego de reconocer al chico en una foto publicada en la factura telefónica.
Más robusto, unos centímetros más alto y con las facciones más marcadas que cuando se fue, Silvio dejó de ser aquel niño que se ve en los cientos de folletos apilados en un rincón de su casa que dicen “Ayúdenos a encontrarlo”. Silvio le aseguró a Clarín, que huyó por temor a que sus padres lo retaran por haber discutido con una vecina.
La noche del 3 de abril de 2005, el chico buscó refugio en la estación de trenes de Constitución. Allí conoció a Raúl, un hombre de 51 años que le prometió una “mejor vida”. “Tomamos el tren hasta Cañuelas y de ahí el Rápido hasta San Miguel del Monte donde estuvimos un mes trabajando de albañiles. Después nos fuimos en bicicleta hasta Córdoba”.
Para Silvio fue toda una aventura: dormían de noche y pedaleaban todo el día. Comían si el dueño de alguna chacra les acercaba un plato caliente o a veces —recuerda— sacaban agua, cigarros y monedas de las ofrendas que los turistas dejan en los altares del Gauchito Gil al costado de la ruta.
Sin embargo, su familia estaba viviendo “una pesadilla”. Cuando Silvio no regresó a dormir la primera noche salieron a empapelar la estación de Ezeiza con su foto y se comunicaron de inmediato con la ONG Missing Children. Pidieron ayuda.
Y la primera pista no se hizo esperar. Un guarda de la estación les dijo a los padres que había visto a su hijo camino a Cañuelas. Pero cuando llegaron allí, ya era tarde. “En la comisaría habían estado demorados Silvio y Raúl (de apellido Chapelet) por una denuncia que habían hecho los vecinos. Decían que este hombre estaba manoseando a mi hijo. Pero después de que Silvio negó todo, los dejaron irse”, cuenta Ana María, la mamá de Silvio.
“Esos 16 meses fueron terribles. Con ayuda de los vecinos, del intendente de Ezeiza y vendiendo nuestras pertenencias, pudimos viajar pueblo por pueblo donde sabíamos que habían pasado, pero nunca lo encontrábamos”, agrega Pedro, el papá de Silvio.
Y mientras el joven cruzaba La Pampa en bicicleta camino a Córdoba junto a un desconocido, la madre de Silvio intentó suicidarse. “No podía dormir, no vivía, no pensaba… La primera vez me fui hasta las vías a la espera del tren. Recordar a mis otros hijos me salvó… La segunda vez fue un llamado al celular lo que me frenó”. Ese llamado era una pista más. En la Municipalidad de 9 de Julio, un empleado conocía a un pariente de Raúl, el hombre que acompañaba a Silvio. Sin embargo, la verdad fue dura. El hermano de este hombre le confesó a Ana María que se trataba de “un hombre violento y que estaba chapita”.
Los meses pasaban pero la familia no perdía las esperanzas. En la habitación de los hermanos de Silvio, los mensajes en la pared reflejaban el deseo de los chicos: “Te queremos. Te extrañamos. Volvé”.
El viernes pasado, Silvio regresó a Buenos Aires y volvió a juntarse con su familia. Su hermana más chiquita, Liliana (7) fue la primera que se le tiró encima, luego se sumaron al abrazo Gisel (12), Sergio (13), Pedro (37) y por último Ana María (35).
En su casa de Ezeiza, la familia Bina recuerda con una sonrisa los 16 meses que vivieron. Y Silvio está feliz de haber vuelto y de que sus padres lo escucharan: “Los extrañaba mucho, pero tenía miedo de volver porque Raúl siempre me amenazaba con que iba a llamar a mi familia para que me fueran a buscar a Córdoba para castigarme”.
Hoy, Silvio se está poniendo al día con sus estudios junto a su madre. Los dos están yendo a una escuela nocturna. Hoy, más juntos que nunca.
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