VOLVIÓ CON TODO EL REY DE COPAS
Volvió una noche Independiente. Y con toda la escenografía copera. La de siempre. La de toda la vida… Los brazos en alto apenas salió el equipo a la cancha por pedido expreso de José Omar Pastoriza, que de esto de jugar la Copa Libertadores sabe mucho. Y se mezclaron las emociones. Estuvo ese minuto de silencio para el Palomo Usuriaga (tres veces campeón en el club), asesinado anteanoche en Colombia; la entrada del gran Ricardo Bochini para recibir una plaqueta, y las demostraciones de cariño para repartir que tenía toda esa gente que fue a la cancha. El Mono Navarro Montoya, llegado al club hace bien poquito, en el verano, ya empezó a ganarse el amor de los hinchas, y lo tratan como si fuera de toda la vida. Más anoche, que los fanas estaban llenos de esperanza, y de ganas de ser felices. Porque después de nueve años, Independiente volvía a la Copa Libertadores. Cualquiera que sepa lo que siente un hombre del Rojo de Avellaneda sabe que eso no es cosa de todos los días. Que hay que disfrutarlo.
Y el equipo ayudó a que eso sucediera. Porque se plantó bien de entrada, con una buena actitud. A los 9 minutos, como para empezar, le habían anulado equivocadamente, por fuera de juego de Manso, un gol al ex jugador de Newell”s, después de una buena combinación entre Losada y Ríos. Pero no se quedó en la protesta el equipo. Hubo más, porque la gente pedía más y porque Independiente quería demostrar para qué estaba. El campeón de la Copa Sudamericana, aquel que dejó penando a River hace unos meses, se paró con mucha cautela, quiso esperar, intento ver qué pasaba, y se comenzó a quedar sin nada.
Es que a los 16 minutos, después de una excelente, rápida y precisa jugada de Losada, se metió Ríos para sumar otra buena intervención individual y la pelota le llegó al vacío a Giménez, que puso el 1 a 0. El partido ya se había abierto, y el viejo estadio de la Doble Visera ya tenía en cima un festejo y por la Copa Libertadores. El equipo peruano le debía una respuesta al partido, pero no parecía estar preparado para darla.
Lo del equipo de Pastoriza era simple, y también por eso efectivo. Se había hecho dueño de la pelota, con Losada, con Ríos, con Manso, y aún sin deslumbrar había ido convirtiendo en figura al arquero Ibáñez, que tuvo que intervenir ante un cabezazo de García, un remate de Giménez y de varios hombres del rojo que se querían meter, mientras los hinchas de Independiente imploraban por más.
Hubo más, claro que sí. Fue a los 43 minutos, cuando ya los peruanos se habían quedado con un hombre menos por la expulsión de La Rosa (doble amarilla) y Manso armó un “jugadón” desbordando por la izquierda. No sólo dejó a tres rivales en el camino, sino que hasta se desprendió del mínimo egoísmo para darle un centro atrás a Ríos, que definió muy bien. Ya el partido era de los hinchas, que se entusiasmaban ante cada avance, y que empezaban a soñar con las combinaciones de cada uno de los que se fueran juntando.
En el segundo tiempo, con un equipo peruano ya desmoralizado, y sin fuerzas como para dar pelea, el equipo local quiso más y encontró. A los 14 minutos, un nuevo error defensivo de los visitantes, le permitió al uruguayo García ganar una pelota que estaba perdida y el que la recibió para darle color a la goleada fue Losada. Se hizo tres a cero inapelable. Para festejar, para disfrutar y comenzar a edificar un sueño, aunque falte mucho todavía. Hubo fútbol y goles, como en un cuento de fútbol perfecto.
Eso fue Independiente anoche. Se acercaron los peruanos en un respiro, pero Losada metió el cuarto. Y con los pibes en la cancha. Ríos, Losada, los que quieren jugar. Hasta entró Agüero con sus 15 años, y después de nueve años Independiente volvió a la Copa goleando. Descontaron los peruanos al final como para que se sepa que hay cosas que trabajar aún. Pero lo de anoche fue lindo. Un placer.
Este contenido no está abierto a comentarios

