VUELVE A JUGARSE EN EL CEMENTERIO DE LOS ELEFANTES
Para un europeo significaría “romanticismo”. Para un brasileño, en alguna de sus playas, vendría a ser algo así como “saudades”. Para nosotros, aquí, es un poco de nostalgia y otro poco de melancolía. Es que si de por sí el solo hecho de llegar al partido número 1.000 en el profesionalismo de la Primera División del fútbol argentino despierta un lindo cosquilleo para cualquier club, mucho más lo es si esa misma institución puede volver a su casa después de haberla visto tapada por las aguas hace apenas algunos días.
Todo eso le pasará a Colón hoy, en su partido frente a Gimnasia y Esgrima de La Plata, en el marco del Torneo Clausura de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
¡Cuántos recuerdos desde aquel lejano marzo de 1966 en el primer paso dado en el fútbol criollo frente a Chacarita Juniors! Si hasta vale preguntarse ¿cuál de estos 1.330 goles convertidos hasta acá se habrá festejado más en las gargantas sabaleras, casi hasta hacerlas explotar en ese griterío loco de pueblo futbolero? O también develar el oscuro misterio acerca de cuál dolió más de esas 1.479 veces que hubo que buscar la pelota en el fondo de la red propia.
Es que así es el fútbol. Como la vida misma. Sabe de alegrías interminables y de tristezas profundas.
El revisionismo histórico suele ser, en los clubes de fútbol, tan complicado como injusto. Es que va fluctuando demasiado acorde a las generaciones que viven atadas al mismo sentimiento. Tiene el mismo derecho aquel que aún retiene en sus retinas esa pelota embarrada de Orlando Medina metiéndose por arriba de Amadeo Carrizo en el primer grito grande de Colón 1-River 0 en 1966, como uno que está más cerca en el tiempo para quedarse con el “sombrerito” de “Cococho” Alvarez producto de su mágica zurda, alguna corajeada de “Poroto Saldaño a pura potencia, las ocurrencias de la “Chiva” Di Meola en “la 18” o ese recurso técnico de potrero que la tribuna resumía en un cantito: “Ya van a ver… ya van a ver… cómo la pisa Villarroel”.
Es el mismo y legítimo derecho de hincha que tienen los purretes más acá en el almanaque, cuando recuerdan alguno de los 41 gritos del “Bichi” Fuertes o todavía reviven esa tarde ideal de Cristian Castillo el día del 5-1 frente a River en la campaña del inolvidable subcampeonato.
Pasa lo mismo con los técnicos. Recuerdo la anécdota del querido charrúa “Pepe” Etchegoyen, que se fue consumiendo entre copas en Punta del Este, recordando la primera victoria de Colón frente a un grande en 1966: “Errea tenía la rodilla a la miseria y no me quedaba otra que ponerlo al pibe Drago. Lo fui a buscar a Errea a la casa y le imploré que atajara, aunque sea parado, porque su experiencia era decisiva para sacarle la pelota a ese gran River de don Renato Cesarini con Carrizo, Matosas, Cubillas, Daniel Onega y Más. Salió redondito: demoramos toda la tarde, trampeamos el partido y lo ganamos 1-0 con una genialidad de Orlando…”.
En el mismo bául de los recuerdos quedarán guardadas las anécdotas del “Gitano” Juárez y su fútbol-total del “75. Un técnico exitoso, un tipo fantástico, capaz de compartir -según cuentan sus propios dirigidos- con los mismos jugadores una noche con vino, cigarros, whisky y mujeres. Siempre mascando coca, mezcla de costumbre y necesidad traída desde el norte de la Argentina.
Más acá, todavía retumba esa frase seca y seria de Francisco Ferraro: “Vamos partido a partido”. Y así, el mismo “Pancho” que llegó para salvar al equipo del descenso, lo sacó subcampeón en el “97 y lo metió en las copas continentales de manera histórica (primero la Conmebol y después la Libertadores).
El repaso y reconocimiento dirigencial también es amplio. Se resume en don Roque Otrino, pasa por Francisco Ghiano, llega hasta Carlos Salerno y no olvida a Joaquín Peirotén. Pero arranca, resumiendo estos 1.000 partidos, en “el Italo” y termina en “José”. Sí, señor: desde Italo Pedro Giménez hasta José Néstor Vignatti. Se dice que las comparaciones son odiosas, pero admitiendo que todo dirigente que pasa siempre deja algo, es bueno decir que lo que Italo le dio a Colón ya es definitivo, pero lo que Vignatti aún le puede seguir dando a Colón no está terminado. El sueño es real, posible, latente.
Para resumir esta idea, un día antes de estos históricos 1.000 partidos sabaleros en la “A”, se me ocurrió desempolvar una vieja idea de Raúl Usinquer que ya tiene medio siglo: “Colón es oro puro, amigo. Ya verá usted cómo removiendo entre las cenizas, sale algo más grande, más fuerte y más hermoso que todo lo que hemos tenido en todos los tiempos…”.
Es la más maravillosa frase para resumir este Colón a 1.000 que hace apenas un mes estaba bajo las aguas del Salado.
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