VUELVEN LOS DISTURBIOS A LAS AFUERAS DE PARÍS
Es la novena noche seguida en la que los alrededores de París arden en llamas. Cientos de jóvenes se sumergen en la oscuridad para continuar con las protestas que se originaron hace más de una semana a raíz de la muerte de dos jóvenes que huían de la Policía.
Los fallecidos, ambos franceses pero hijos de inmigrantes, murieron por la descarga de un transformador eléctrico en el que se habían refugiado. No se necesitó más para que el descontento, en el que están inmersos los barrios más pobres de las inmediaciones a la lujosa capital europea, saliera a las calles y estas se convirtieran en un campo de batalla.
A última hora de la tarde de hoy, un grupo de manifestantes incendió unos 30 vehículos que estaban estacionados en un centro comercial de Bobigny, cerca de Paris. Mientras, el premier francés Dominique de Villepín apura reuniones para tratar de atajar una nueva jornada de violencia.
Autos incendiados, comercios saqueados, edificios públicos atacados y durísimos enfrentamientos entre manifestantes y policías. Esa postal parece que se repetirá de nuevo esta noche, tras los disturbios de la madrugada de ayer a hoy.
La situación preocupa al Gobierno francés, que ha sido acusado de no hacer nada para detener la violencia. Por eso, cuando la noche se cernía sobre París, el primer ministro de Villepin recibió a 16 jóvenes residentes de los suburbios parisinos para que le transmitan cuáles son las dificultades por las que atraviesan.
Los jóvenes, de 18 a 25 años y algunos de ellos inmigrantes, se reunieron con el premier para expresarle los problemas que enfrentan cada día y las inquietudes que les trae un futuro en el que el desempleo, la discriminación social y los problemas económicos son moneda corriente. Villepin les hizo promesas.
Las conversaciones formaron parte de una serie de reuniones y consultas que inició el mandatario con vistas a un nuevo plan de acción para los suburbios en crisis.
Mientras tanto, el polémico ministro Nicolas Sarkozy analiza con sus asesores cómo hacer frente a los revoltosos manifestantes que prometieron no detenerse hasta que se termine la agresiva política de seguridad del funcionario y éste renuncie.
Según especialistas, la violencia de los jóvenes refleja el fracaso durante años de las políticas de integración de estos jóvenes, muchos de ellos inmigrantes o descendientes de africanos del Norte y subsaharianos.
La Policía francesa difundió hoy por primera vez un balance de los disturbios, según el cual fueron detenidas 230 personas y 1.260 automóviles fueron incendiados, la mitad de ellos en la noche del jueves.
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