YA EN 1994 SE PENSABA EN UN CIERRE PROVISORIO DE CALLE GOROSTIAGA
En el año 1993, la provincia, a través de la Dirección Provincial de Vialidad. contrató a un grupo de consultores para elaborar un proyecto hidrovial de la Avenida de Circunvalación y la defensa sobre el Río Salado.
Este proyecto contemplaba, entre muchos otros aspectos, un cierre completo de la calle Gorostiaga, al a altura del Club de Golf – por donde ingresó brutalmente el agua – para el caso que existiera una crecida extraordinaria. Este diseño está definido en el plano, al que accedió este diario digital, fechado en octubre de 1994, lámina Nº 34.
El documento es de la Dirección Provincial de Vialidad, que se encontraba bajo la órbita del Ministerio de Obras y Servicios Públicos de la provincia. Lleva el título de “MURO DE EMPALME DEL CIERRE PROVISORIO DE DEFENSA”. Entre los ingenieros que firman el proyecto figura el nombre de Omar Romero, bajo la supervisión del Ing. Raúl Jonas.
Según fuentes del Ministerio de Obras Públicas, Romero, sería uno de los asesores del actual jefe de la cartera, Edgardo Berli, en el área de Participación Comunitaria, un organismo que se ocupa de diseñar planes para las comunas (cloacas, desagües, asfalto, entre otros).
Se informó además que la consultora contratada en 1994 era CONSULSER, una de las tres que quedaron de la escinsión de PARANÁ MEDIO. Las otras serían EVARSA Y PROINSA, quienes han asesorado a la provincia en diferentes dependencias, como la Dirección de Hidraúlica y la EPE.
Según los expertos en ingeniería, consultados por este portal de noticias, el cierre de calle Gorostiaga en las primeras horas del ingreso del agua, hubiese evitado frenar el avance desmedido de las guas del río Salado y elaborar un plan de emergencia en materia hídrica. Además de un operativo de contigencia, que tampoco existió.
Otros especialistas han manisfestado que, si se hubiese echo una ampliación de la obra de defensa desde calle Gorostiaga hasta el norte ( 2.500 metros, aproximadamente) hasta llegar a una cota alta, la tragedia se hubiese evitado o , al menos, controlarse en gran medida.
Nadie escuchó a los expertos, ni desempolvó los papeles que desecansaban en la Dirección de Vialidad y en las distintas dependencias del Ministerio de Obras Públicas.
Nueve años después, algunos nombres de entonces, se repiten.
Nadie se hizo cargo. Y la catástrofe pudo haberse evitado.
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