"YO DETESTO LA PROSTITUCIÓN EN LOS MÚSICOS: EL ARTE ES HACER LO QUE UNO SIENTE"
Revisando algunas entrevistas que te realizaron hace algún tiempo, leí que tenías unos viejos muy especiales, que te apoyaron mucho en tus inclinaciones artísticas ¿Podrías contarnos sobre ellos?
En primer lugar eran músicos. Eso es una cosa que jugó a mi favor, porque mis padres querían que fuera músico. Yo también lo quería, y eso me hizo muy precoz. A los doce o trece años yo ya sabía que me iba a dedicar a la música, y a los quince ya estaba en un grupo profesional. Y eso es muy fuerte, porque hay mucha gente que se quiere dedicar al arte y los padres desean que sus hijos sean médicos o abogados, en cambio cuando vos salís a la calle con el apoyo de tus afectos tenés una madurez extra. Cuando yo tenía quince años, todavía no sabía nada de la vida como cualquier pibe de esa edad pero en cuanto a filosofía de vida y vocación parecía que tenía treinta años.
Si no me equivoco tu mamá era pianista ¿En tu casa había un piano?
No, no teníamos un mango. Vivimos todos en una pieza de pensión. Hasta que después me fui a Buenos Aires, comencé a tener suerte con “Los gatos” y me lleve a mis padres y les compré un departamento. En la casa de mi niñez teníamos guitarra, pero no un piano.
En la entrevista que te mencionaba al principió, leí una anécdota increíble de tu adolescencia. ¿Es cierto que tus padres te firmaron un permiso especial cuando te fuiste a Buenos Aires para que pudieras tocar a la noche?
Claro, vos no podes trabajar de noche si sos menor y estar en un lugar donde hay copas, humos, cigarros, música, y menos en aquella época. Entonces yo tenía este papel. Y si venía la policía y me pedía documentos, yo podía mostrar esto como diciendo yo no me escapé de ningún lado. En realidad era un permiso que me salvaba algunas veces, porque era incomprensible, para ser sincero me tendría que haber llevado siempre.
Pero para la policía también era complicado porque si me llevaban preso tenía que llamar a mis padres a rosario. Pero lo que tenía de simpático este papel era que lo había firmado mis viejos frente a un prestigioso juez rosarino, que admiraba la forma de cantar de mi viejo. Vos sabes que lamento mucho haber perdido ese permiso, porque hubiese sido un lindo recuerdo, ya que decía algo así: “Los señores dejan que este niño vaya, porque es muy responsable, muy bueno”, faltaba que dijera que me iba a aportar muy bien, por favor no le hagan nada. Realmente era una locura ese permiso.
Litto ¿Qué reflexión te merece a treinta años la experiencia de “Los Gatos”, con todo lo que significó para el rock nacional? ¿Cómo convivís con el bronce?
Es una sensación muy valiosa espiritualmente, y está bueno para el que la lee, la entiende y la interpreta. Esta bueno como situación de épica, de vocación, de cómo nos dedicamos nosotros, al margen de la música que uno hace, si te gusta o no te gusta. Porque nosotros teníamos una vocación muy férrea, de no traicionarnos, de hacer lo nuestro y hoy en día no se le inculca aquellos valores a los músicos. Se les inculca como ganar plata, como hacerse famosos, como pegarla y el arte no es eso. Yo detesto la prostitución en los músicos. Muchos se justifican diciendo que el ambiente te lo pide. Y no es así, si vos tenés una idea fija es muy difícil que te doblen. El arte es hacer lo que vos sentís con tu corazón y si tenés éxito mejor. Yo creo que en este sentido, el valor de “Los gatos salvajes” y “Los gatos” fue la conducta que tuvimos para llevar a cabo nuestros ideales.
Y esos valores de los que hablas, están muy presentes en esa empresa quijotesca que se llama Melopea, sello discográfico que te tiene como conductor. ¿Podrías contarnos como nació Melopea?
Melopea nació con ese deseo hacer lo que me gusta. Y me dije, si yo quiero hacer realmente lo que me gusta con las producciones musicales, tengo que tener un sello. Porque yo pensaba, que sello de los otros me va a bancar, y además no tienen ninguna obligación de hacerlo.
Lógicamente siempre fui conciente de que el sello que iba a crear iba a ser chiquito, porque yo no soy millonario. Y empecé con el sello con mucha humildad y hoy en día Melopea tiene más de quince años, es muy prestigioso, no editan en Inglaterra y en España, y estamos bastante equilibrados económicamente, es decir no hay posibilidad de que quebremos. Para nosotros es muy difícil la difusión y distribución, por razones obvias, pero tenemos un catálogo muy importante, de más de cuatrocientos discos.
Y con trabajos de grandes como el Polaco Goyeneche…
Si claro, Goyeneche, Cuchi Leguizamón, Virgilio Expósito, Antonio Agri, la verdad es que me da un poco de vergüenza decirlo, pero es un catálogo exquisito.
A muchos de aquellos genios de la música argentina, ustedes tuvieron desde Melopea la posibilidad de homenajearlos en vida. ¿Que recuerdos tenés de aquellos laburos?
Para nosotros juntarnos con esta gente era una satisfacción espiritual increíble. Te doy un ejemplo, cuando hicimos el disco con los tangos de Cadicamo, a mi me costaba creer que yo podía tener un amigo de casi cien años, exactamente el doble que yo, y que ese amigo era nada más ni nada menos que un prócer de la historia del tango. Y además, Cadicamo era un tipo entrañable, muy inteligente. Todo muy loco y muy lindo a la vez.
Este contenido no está abierto a comentarios

