"YO NO CREÍA EN LA JUSTICIA POR ESO TARDÉ TANTO EN PRESENTARME"
“Marité merece un lugar donde descansar, yo no creía en la Justicia por eso no fui antes. Ahora lo hice para que nunca más haya secuestros, desapariciones, muertes”, dice conmocionado Agustín Vidal, un hombre de 53 años que después de 28 de que secuestraron a su hermana decidió presentarse ante el juzgado Federal Nº 4 y pedir que se averigüe la Verdad Histórica. María Teresa Vidal fue sacada de una de las habitaciones del que era el Hotel Italia, en Maipú al 1000‑en la actual sede de Gobierno de la UNR‑ donde vivía de manera transitoria junto a parte de su familia en agosto de 1976 y en ese mismo momento sus captores pidieron una cartera con joyas que tenía su abuela. Sobre la historia de su desaparición tanto el ex jefe de la policía Agustín Feced como hombres de la SIDE dijeron no saber nada, mientras que la cara pública del hotel, una mujer llamada Angela Pereyra Iraola se mostraba con confianza y recibía favores en la oficina del jefe de la Policía Federal, según da cuenta la presentación hecha con el patrocinio del Equipo Jurídico por los Derechos Humanos. Otro testimonio‑muestra de la ostentación del terrorismo de Estado para ‘tragarse’ a sus víctimas y una invitación‑pedido para quienes todavía no hayan dicho ante la Justicia lo que saben o lo que pasó en este y en otros casos.
Veintiocho años después del secuestro y desaparición de María Teresa Vidal su hermano Agustín le pidió a la Justicia que averigüe la Verdad Histórica para conocer qué pasó a partir de aquella madrugada del 6 de agosto de 1976 cuando un grupo de tareas la secuestró de una de las habitaciones del Hotel Italia. Marité vivía allí desde un tiempo atrás, después de la separación de sus padres cuando dejaron la casa de calle Córdoba al 1900. Entonces las mujeres de la familia‑la tía abuela Sara Martínez Bayo, la madre Martha, Marité y Claudia‑‑fueron al Italia, un sitio con aire majestuoso, en una habitación del primer piso, con ventana a la calle. Devoradora de espacios y humanidades la banda llegó sin ningún sigilo. Los hombres subieron las escaleras, irrumpieron con violencia y sacaron a Claudia, la hermana menor para llevársela. Unos pocos escalones abajo le preguntaron su nombre y ante la respuesta supieron que no era quien les interesaba. La devolvieron a la habitación mientras ubicaron a Marité. Estaba en camisón. Le hicieron poner su tapado azul de paño naval y se la llevaron. Los ‘cazadores’ llegaron en tres autos para buscar a su presa de 21 años, militante de la juventud guevarista del ERP‑PRT con responsabilidades en el área de prensa, estudiante de letras y de música que había cursado el secundario en Misericordia y que había sido amenazada por la Triple A en un cartel que apareció con su nombre y el de otras personas colgado en la entonces facultad de Filosofía y Letras de la UNR, en Entre Ríos al 700. Una chica “mágica” al decir de su hermano Agustín cuando evoca sus movimientos, su sensibilidad ‘por todo’, las imágenes familiares. “Mi mejor amiga…” según Rafael Bielsa, el ahora canciller de la Nación. Justo un texto en el que Bielsa la recuerda, publicado en la contratapa de Página/12 el 16 de diciembre de 2003, La tercera margen del río decidió a Agustín a presentarse ante la Justicia. (ver aparte). En estos años hubo una denuncia en la seccional 1º de policía‑‑”en la que después supe que vivía (Agustín) Feced”, cuenta el hermano de María Teresa Vidal‑y después ante la Conadep.
Desde el secuestro no hubo señales de ella. El padre, Juan María Vidal buscó a su hija. A través de un funcionario del consulado de España en Rosario se entrevistó días después con el jefe policial Agustín Feced en su despacho de la ex Jefatura. En ese lugar, a no muchos metros de donde funcionaban las mazmorras de ‘El Pozo’‑el centro clandestino de detención y tortura del Servicio de Informaciones de la UR II‑Vidal revisó dos álbumes con fotografías: “Son todas personas asesinadas y la mayoría jóvenes…Ella no estaba”, decía un rato después a su hijo Agustín. El periplo siguió en las oficinas de la SIDE en Jujuy al 1900 donde padre e hijo se entrevistaron con tres hombres, uno de ellos se hacía llamar Jorge y el otro ‘el coronel’. Agustín Vidal habla de ese coronel como de Amado Félix Bruni, “gordo, corpulento, fumaba en pipa y usaba lentes” a quien vio unos años después en la fiesta de una escuela, le preguntó qué había sido de su hermana y “recibí respuestas evasivas” cuenta a Rosario/12.
La familia de Marité se fue del Hotel Italia y el hijo mayor de los Vidal que ahora denuncia‑ eran 4: Agustín, Marité, Claudia y Fernando‑ entregó una letra de cambio del sistema cooperativo para pagar el resto de la cuenta a una mujer “dueña o gerente del Italia, Angela Pereyra Iraola”. Tiempo después dos hombres de la Policía Federal golpearon la puerta del departamento en que vivía y lo trasladaron en “un cuartito azul” a la oficina que cree era del jefe en calle 9 de Julio. En ese lugar le dijeron: “Te portaste mal con la señora que es nuestra amiga. Mejor que le pagues y no te olvides” mientras Pereyra Iraola aparecía en el despacho.
La noche del secuestro de Marité los ‘cazadores’ pidieron la cartera de la abuela Sara. En esa cartera había una pulsera pesadísima con medallas de oro que pertenecían a quien había sido el esposo de la mujer y una plaqueta de platino y brillantes regalo de aniversario de bodas. La abuela, así la llamaban, acostumbraba a exhibir sus joyas cuando pasaba tiempo y charlaba en una de las mesas del fondo del elegante bar del Italia. Los hombres del grupo de tareas que actuaron en el secuestro buscaron a María Teresa y también a las joyas.
El único dato sobre Marité Vidal lo aportó Fernando Brarda, un ex detenido que el 11 de agosto del 76, se presentó en el Hotel Imperio, donde vivían los hombres de la familia‑el padre Juan María Vidal y los hijos Agustín y Fernando‑ y rápidamente se entrevistó con quien ahora denuncia. “Tu hermana está bien, la van a soltar”, fue una de las pocas cosas que dijo y se alejó. Brarda no puede precisar cual fue el sitio de su detención pero lo mencionó como Centro de Operaciones Fisherton. Así lo hizo ante el juzgado Federal Nº4 a cargo ahora del juez Carlos Vera Barros.
La semana pasada Agustín Vidal se presentó ante el juzgado Nº4 patrocinado por el Equipo Jurídico por los Derechos Humanos para saber la Verdad Histórica. “Marité se merece tener un lugar donde descansar y a nadie más se le puede ocurrir hacer lo que hicieron con los secuestros y desapariciones”, dice con la voz quebrada. También por primera vez después de 27 años un hombre que ahora tiene 28, Gustavo López Torres , denunció la semana pasada la desaparición de sus padres mientras uno y otro hacen casi una “invitación” a aportar datos y a que aquellas personas, víctimas y familiares del terrorismo de Estado hagan conocer los casos individuales, esos que hacen a la tragedia colectiva.
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