YO QUIERO A MI BANDERA.
Las 22.21 del domingo en San Antonio. La hora más gloriosa en la carrera de Emanuel Ginóbili. Entre abrazos y abrazos, el bahiense hizo una seña hacia un rincón de la platea baja. Entonces, se fue a buscar lo que siempre pensó que quería tener sobre sus hombros en una celebración tan fantástica: la bandera argentina. Marianela Oroño, su novia, bajó unos escalones y le alcanzó la celeste y blanca que puso sobre su espalda desde el primer partido en este estadio.
No fue la única bandera argentina que hubo anteanoche en el SBC Center. Colgado de un balcón, al mejor estilo de nuestras canchas de fútbol, brillaba otro estandarte nacional. ¡Y era la única de un país: ni de los Estados Unidos había!
Hubo más margen para el asombro. En la tercera fila de plateas, enfrente del banco de San Antonio, un joven rubio tenía puesta la camiseta número 16 que usa en la selección Pablito Aimar. Cerca de él, en un rincón, en la tribuna media, vecino a la ubicación de la novia de Manu, otro rubio con más pinta de norteamericano que el anterior con otra bandera argentina.
¡Imposible! ¿Qué es esto? Era inevitable observarlos pese a que el partido seguía jugándose. ¿Serán argentinos? “No, yo soy americana, nací en Boston y mi marido, que fue a comprar la bandera al centro, es de México”, afirma Patricia de Palme, la dueña de la bandera del balcón. “Henrik, mi esposo, es hijo de suecos. Manu es nuestro jugador favorito. ¿Vio la energía con que juega? ¡Nos encanta!”, agrega la simpática señora de 53 años y vivaces ojos azules. “No conocemos su país, pero vamos a ir porque nos hablaron maravillas…”, agrega Patricia.
¡Parece un cuento, parece imposible! Pero hay más… “Me llamo Justin Brenner, tengo 19 años y compré la camiseta porque me gusta cómo juega el equipo argentino. Sigo bastante el fútbol, no lo juego tan bien, pero me deslumbra Pablito –así, en diminutivo– cuando lo veo por televisión”, cuenta el muchacho de la preferencial, casi al lado de la cancha. “Manu es uno de los mejores de los Spurs. Por eso traje esta casaca que compré por Internet”, agrega.
¡Sorprendente! Pero hay más. “Mi papá, Guillermo, tiene 72 años, hace 40 que vive aquí y se hizo amigo de Manu cuando llegó a la ciudad. Fue en una reunión de la colectividad argentina en San Antonio. Ese día mi papá, que nació en Mar del Plata, se quedó conversando algunas horas con Ginóbili y después lo invitó a comer tallarines a su casa. Por eso soy fan de Manu. Es la primera vez que, con mi esposa Lynn, traemos la bandera.” Quien explica todo esto es Adrián Gresores, un norteamericano hijo de argentinos, de 42 años. “¿Todo esto lo puedo leer por Internet en la página de LA NACION?”, pregunta asombrado y feliz.
La noche de la gran coronación de Manu tuvo un clima muy especial. Con sabor argentino.
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