ZABALETA: "LA DAVIS ES LA SELECCIÓN"
Plena tarde en el Málaga Tenis, escenario improvisado de la práctica del equipo argentino de Copa Davis. Zabaleta y Gaudio juegan un tie-break en el cual cada uno representa a tres integrantes de la delegación que miran desde el borde de la cancha. El clima es absolutamente distendido. Saca Mariano y Gastón canta mala. El tandilense enloquece, cruza la cancha y busca el pique con desesperación mientras los que pierden con él —su entrenador, Alejandro Gattiker, el preparador físico Alberto Osete y el kinesiólogo Antonio Kokalj— arrancan con el castigo del salto de rana. Todos se divierten menos uno: Zabaleta sigue buscando el pique y tarda casi cinco minutos en rendirse y arrancar con sus saltos.
“No me gusta perder a nada. Lo del pique era medio en joda, pero la verdad es que me robaron”, insiste Zabaleta, ya riéndose, ante Clarín. Ahora atardece, y el jugador que se sumó al equipo a partir de la deserción de Guillermo Coria está entregado en su propia habitación a las manos, a los aparatos y a los consejos del kinesiólogo Kokalj.
—¿Se te cruzó por la cabeza la posibilidad de perder la serie ante España?
—Y… la posibilidad existe. Pero, ojo, que los partidos hay que jugarlos. Mirá que nos conocemos mucho y nos hemos ganado mutuamente.
—Pero sin Coria y sin Nalbandian, los favoritos son ellos. ¿O no?
—Sí, claro. No lo voy a descubrir yo. Ferrero y Moya son muy buenos jugadores. Por algo ganaron Roland Garros y están ahí arriba en el ranking. Pero nosotros también tenemos dos brazos, dos patas y una cabeza cada uno. Podrán decir que venimos de punto, pero la única verdad está en la cancha y ahí adentro, cuando arranca el partido, te olvidás absolutamente de todo.
—¿Te sorprendió la convocatoria?
—No tanto, porque cuando me enteré de la lesión de Guillermo (Coria) me imaginé que podía ser citado. Es la segunda vez que entro de última. Contra Rusia también me llamaron por Coria. Pero no me importa. Todos saben lo que para mí significa la Davis.
—¿Qué?
—Es lo más importante para un jugador de tenis. Por lo menos para mí. De chico vengo soñando con jugar y ganar algo grande para mi país, y por eso creo que como la Davis no hay. La Davis es la Selección, es jugar por la camiseta, es el orgullo. Para mí es mucho más que ganar un torneo. Y además es un privilegio poder representar al país.
—Lo curioso es que la Davis y vos parecen tener una cuenta pendiente.
—Es increíble, pero es así. Debuté hace cuatro años en Ecuador, en canchas duras, y no pude terminar ninguno de los dos partidos. Luego pasó lo de Chile (aquel escándalo de 2000 ante Massú y la no presentación frente a Ríos), y este año gané un partido (al ruso Youzhny, en River), pero con una serie ya definida. Es hora de ganar algo grande, ¿no?
—¿Y cómo te encuentra esta serie ante España?
—En un momento bárbaro. Siento que maduré un montón y los resultados están llegando. Gané un buen torneo (Bastad), estoy 25º en el ranking y de no haber sido por un par de lesiones a lo mejor estaba un poquito más arriba. Pero ojo que no es mérito mío y nada más. Yo gané mucho en confianza y en cabeza, pero tengo detrás a un equipo de trabajo increíble. El Colorado Gattiker, el Profe Juan Carlos Mechón, Nacho Sarrasín…
—No es común que los tenistas argentinos mantengan un vínculo estable con un entrenador…
—Es cierto, pero yo sí tengo esa costumbre. Estuve un montón con Eduardo Infantino, después trabajé con Marcelo Filippini hasta que él no pudo viajar más, y desde fin del año pasado con el Colo. Me ayudó un montón y voy a seguir con él el año que viene.
—De nuevo a la Davis: ¿qué darías por ser uno de los singlistas el viernes?
—Todo. Pero no me hago problemas por ese tema. Sé que hay un capitán que está analizando todas las posibilidades y que va a decidir lo que sea mejor para el equipo.
—¿Te jugarías ese lugar en un partido con Calleri?
—No. Sé que algunos capitanes recurren a ese método. Te enfrentan en un partido en la semana y listo. Pero Luza ya nos dijo que eso no le gusta. Y a mí tampoco. Nos vamos a matar los dos en estos días y él decidirá. Igual, la serie es larga y a lo mejor no te toca un día y el otro sí.
—¿Qué le ofrecés para que te elija?
—El sabe que no le voy a fallar. Que podré perder si el otro juega mejor que yo. Pero que me voy a matar en la cancha. Y que voy a dejar hasta lo que no tengo.
—Se nota que el grupo funciona…
—Este es un grupo increíble. Hay muy buena onda entre todos. Y eso pasa porque hay buenas personas. Si no te llevás bien se hace difícil combatir la ansiedad. Pensá que todavía faltan cinco días.
—¿Qué se hace en los tiempos libres?
—Y… mucho tiempo libre no hay. Estamos haciendo doble turno, agregale los traslados, la elongación, los masajes, las comidas… Pero cuando se puede ponemos algo de U-2, usamos el chat, los mails, esas cosas.
—¿Nada de playstation?
—Bueno, sí. Preguntale a Gastón (Gaudio) y te va a decir quién lo tiene de hijo.
—Como en la práctica de hoy…
—No, viejo. Ese tie-break no se cuenta. ¿No viste que el saque fue bueno y lo dio malo?
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