ZAFFARONI: “LA CORTE ESTÁ EN CRISIS Y ESPERO QUE PODAMOS RECOMPONERLA”
Apenas 24 horas antes de jurar como juez de la Corte Suprema, Eugenio Raúl Zaffaroni recibió ayer a Clarín en su PH de Caballito con una sonrisa distendida, vestido íntegramente de negro. Como si no estuviera por ingresar en pocas horas en un tribunal que atraviesa una de sus crisis más profundas, y como si no existieran —desparramados por todas partes— las cajas y los libros apilados, por su inminente mudanza al barrio de Flores.
“¿Va a estar el presidente Fox?”, pregunta mientras arregla los detalles de un mensaje filmado que se enviará a la Universidad de México, donde le van a entregar un doctorado “honoris causa” en ausencia. Porque Zaffaroni tiene cita hoy a las 11 en Tribunales, y —a partir del lunes— en su nuevo despacho, ahora en refacción.
—¿Cómo vivió el proceso de su selección y las impugnaciones a su candidatura?
—Como no tengo nada que ocultar, no me molestó ser examinado. Lo que sí me preocupó fue que hubo una campaña, paga y cara, en mi contra.
—Más allá de la campaña, es evidente que en algunos su figura generó rechazo…
—Eso es un debate permanente, que me parece sano. En ese sentido, que haya gente que no comparta lo que yo digo es normal y es parte del pluralismo.
—¿Cómo definiría la situación actual de la Corte?
—Es crítica. Espero que podamos recomponer esto para poder trabajar lo más armónicamente posible. No me preocupa la imagen. Me preocupa lo que se hace. Hay un problema funcional en la Corte, grave…
—¿Cuál es?
—La competencia que la Corte ha asumido. Hay dos funciones que son bien distintas. La función de casación, que es técnica, de unificación de jurisprudencia, y la de control de constitucionalidad, que es la que tiene nuestra Corte. La Corte ha ido ampliando el criterio para abrir casos. En 1983 llegaban 3 mil causas, hoy 15 mil. Es decir, en 20 años se ha quintuplicado. Si seguimos así, será inmanejable.
—¿La Corte tiene que volver a tener cinco miembros?
—No tenemos que seguir jugando con el número de jueces de la Corte. La Constitución erróneamente no lo fija. Tenemos nueve, quedémonos con nueve. Habría que hacer una reforma constitucional. Yo creo que es necesaria.
—¿Sólo por este tema?
—No. Mi opinión es que tenemos que pasar a un sistema parlamentario y reemplazar a la Corte por un tribunal constitucional, como es en casi toda Europa.
—A 20 años del retorno a la democracia. ¿Qué falta?
—Confiar en las instituciones. Nos hemos manejado durante 20 años con una política de coyunturas, y éste creo que es el defecto sustancial que debemos superar.
—¿Qué cambia en su vida a partir de esta designación?
—No voy a poder seguir haciendo los desplazamientos geográficos que hacía antes. Gran parte del año pasado la pasé fuera del país. Pero voy a seguir con la docencia.
—¿Qué responde a quienes temen que el Gobierno forme otra mayoría automática?
—Que son susceptibilidades razonables, pero que son los defectos de la institución. Los 108 jueces de la Corte que me precedieron fueron nombrados de la misma forma, a propuesta del Presidente y con acuerdo del Senado.
—¿Cómo ve la relación que tuvo la Justicia con la política en los últimos años?
—Bastante conflictiva e ingenua, muchas veces por el lado de la Justicia. Hubo problemas del ámbito político que no se pudieron resolver allí y que se los derivaron a la Justicia, que los aceptó. Y como allí no tuvieron solución, la Justicia sufrió descrédito.
—¿Va a llevar gente suya a la Corte?
—Poca. De momento dos personas, que son del Poder Judicial. Voy a tratar de no llevar a nadie de afuera del Poder Judicial.
—¿Se arrepiente de no haber pagado los impuestos?
—Yo impuestos pagué todos, lo que no tengo es regularizada mi situación previsional. Sabía que la tenía que regularizar pero nunca me lo habían reclamado. Que me digan lo que tengo que pagar y lo pago.
—¿Cómo cree que va a ser su relación con los otros jueces de la Corte?
—Supongo que civilizada. Hay que convivir, formar un equipo.
—¿Llegar a la Corte estaba entre sus metas?
—La verdad que no. Creí que mi carrera judicial se había terminado como camarista. No era mi ambición. No lo pedí ni lo busqué. Igualmente, yo lo siento como una carga pública.
—¿Nunca quiso estar ahí para cambiar algunas cosas?
—Sí. Yo no soy de esos jueces que dicen que no hay que hablar con los otros poderes del Estado. Dentro del marco constitucional hay que instalar un proyecto para ver cómo llegar a un acuerdo, para desempantanar la mezcla del control de la constitucionalidad con la función de un tribunal de casación. Lo voy a plantear dentro y fuera de la Corte. La Corte tiene una función política importantísima, que es la de preservar la vigencia de la Constitución.
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