ZAPATERO PONE FECHA AL DIÁLOGO CON ETA
Cobra velocidad el “proceso de paz” abierto tras el alto el fuego de la banda terrorista ETA. Tanto, que el gobierno español confía en que pueda estar en marcha “antes del verano” (lo que significa antes de julio), según confirmó ayer el presidente José Luis Rodríguez Zapatero.
Tal es la brecha temporal que, a su juicio, resta para que se presente otra vez ante el Congreso y obtenga el respaldo para el inicio formal de las negociaciones.
Zapatero está convencido de que todo marcha bien, a tal punto que aseguró ayer que el “cese de fuego permanente” del grupo terrorista es, efectivamente, “la antesala de su final definitivo”, definición que, en su boca, fue el dato político del día en un país que respira otro aire y una nueva ilusión en las 24 horas que van de tregua.
Pese a los desmentidos oficiales, pocos dudan en España de la existencia de negociaciones oficiosas, al menos, entre “alguien” cercano a la banda y “otro alguien” de medios políticos del socialismo vasco. De modo que, si las cosas marchan tan bien como dice Zapatero, ¿por qué esperar hasta julio para empezar las discusiones formales?
La respuesta la dio la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. “Antes que nada, el gobierno quiere corroborar y constatar que se cumplen las condiciones [de cese de fuego total] exigibles” a la organización. Y aseguró que se cuenta “con los medios necesarios” para evaluarlo.
Según pudo saber LA NACION, la vicepresidenta integraba el puñado de miembros del gobierno a las que Zapatero confió lo que se estaba tramando desde que, hace un año y medio, la organización terrorista le envió una carta en la que pedía un puente de contacto. Y, tácitamente, revelaba su disposición y su necesidad de negociar.
“Hasta el anuncio de la tregua, todo se manejó con mucha reserva. Había, sí, una idea global, pero sólo cuatro integrantes del gobierno conocían el detalle y uno de ellos era María Teresa. Por eso, muchos, y eso incluye a colaboradores muy directos del presidente, quedaron desconcertados cuando en febrero aseguró que el final de la banda estaba cerca”, fue el relato.
SUPERPOSICIÓN
La otra pauta aportada ayer por Zapatero apuntó a que será su gobierno el que “marque el rumbo del proceso”, lo que se interpretó como un freno a las apetencias demostradas en igual sentido por el presidente del gobierno regional vasco, el lehendakari Juan José Ibarretxe. Es que desde el miércoles 22 –en que se anunció la tregua– pareció desatarse una carrera del gobierno regional por ganar protagonismo.
De hecho, apenas los encapuchados –pero con boina– de ETA concluyeron el anuncio, Ibarretxe afirmó que ya había convocado a “una mesa de partidos” para negociar el futuro del proceso. Ibarretxe dijo que esa “mesa del diálogo” funcionaría “después del verano” y tendría la misión de alcanzar “un acuerdo de normalización política” que debería ser “ratificado en consulta pública [referéndum] por el pueblo vasco”. Desde Bruselas, donde fue la estrella absoluta de una nueva cumbre de la Unión Europea, Zapatero subrayó que debe ser el gobierno nacional “con el consenso de todos, el que marque los tiempos” de la negociación, si bien subrayó la “necesaria cooperación” del gobierno regional. Luego de eso, el día aquí no fue fácil para Ibarretxe, a quien le llovieron reproches locales.
EXPECTATIVA
La jornada de ayer se cerró con dos grandes expectativas. La primera, referida a un supuesto nuevo comunicado de ETA que, posiblemente, aparezca en uno de sus zutabeak, como se denomina a los boletines internos de la banda. La confianza de las autoridades es que nada de lo que allí se diga “salga del tono” conciliador de los dos que produjo en las últimas horas.
La segunda se refiere a la manifestación convocada para el sábado por Batasuna, el ilegalizado partido político que expresa a ETA. Será su primera medición popular de fuerzas en tiempos de tregua. Un dato nada despreciable, antes de sentarse a negociar.
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