ZAPATERO RESPALÓ EL CANJE DE LA DEUDA
El tono y el contenido del apoyo público que ayer ofreció a la Argentina el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, sorprendieron hasta a los funcionarios que habían negociado las declaraciones de amistad bilateral que iban a firmarse en la visita oficial de 20 horas a Buenos Aires.
Después de 90 minutos de reunión con el presidente Néstor Kirchner, el socialista Zapatero dijo en el Salón Blanco de la Casa Rosada que desea “el mayor de los éxitos” al canje de la deuda argentina en default, comprometió el respaldo español ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) y garantizó que las empresas de su país han invertido aquí “a largo plazo”.
Para Kirchner, esas palabras valen una fortuna. Por primera vez, un líder político del mundo desarrollado respalda sin doble sentido la operación para salir de la cesación de pagos.
Además, encontró una respuesta comprensiva en el único tema conflictivo previsto para el encuentro: la relación con las empresas privatizadas de origen español.
“Han invertido a largo plazo, quieren quedarse y comprometerse socialmente con el país”, enfatizó Zapatero. Incluso anunció una “segunda ola de inversiones” encabezada por pymes.
Horas antes de la llegada del presidente español, Telefónica había ratificado su demanda a la Argentina en el tribunal arbitral del Banco Mundial por la pesificación de las tarifas. Se esperaba algún momento de tensión.
El caso Telefónica
Uno de los testigos argentinos de la reunión relató a LA NACION que Zapatero escuchó a Kirchner contar con preocupación el caso Telefónica.
Siempre según esa versión, el líder español pidió a su ministro de Industria, José Montilla, que intercediera ante la empresa para que suspendiera el reclamo. Kirchner hizo una detallada explicación de las negociaciones con cada una de las privatizadas con capitales españoles.
“No puedo todavía habilitar un aumento de tarifas”, dijo el Presidente, según los testigos argentinos. Zapatero, añadieron, sostuvo que no cuestionaría la estrategia argentina y prometió que recomendaría a los inversores tener paciencia.
La excusa por la cual se encontraron los presidentes, en el contexto de la gira sudamericana de Zapatero, consistía en firmar un acta de asociación estratégica que coloca a la Argentina en el mayor rango de importancia para la diplomacia española.
En la declaración firmada en conjunto se hace una mención de la “apropiada seguridad jurídica” como hecho que contribuirá a atraer inversiones. Fue lo más cercano a un reclamo que sobrevoló la reunión.
Otro punto que consumió buena parte de la charla entre los presidentes fue la negociación ante los organismos multilaterales de crédito.
“Un alto dignatario me dijo antes de asumir que el FMI iba a usar a la Argentina como un conejillo de Indias”, dijo, enigmático, Zapatero a Kirchner, informó un funcionario argentino.
El presidente argentino explicó entonces su idea de desendeudamiento para limitar la influencia del FMI en la economía. Hace un mes había enviado a Madrid a su esposa, Cristina Fernández, y al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para sondear a la Moncloa sobre ese plan.
Los 90 minutos
Zapatero había aterrizado en Buenos Aires al mediodía y empezó a cumplir una agenda sin respiro. Entró a las 17.25 en la Casa Rosada. Kirchner lo esperaba solo sobre la alfombra roja, en el Salón Blanco, como un novio en el altar. Se miraron y no contuvieron la risa antes de abrazarse.
Hubo saludos protocolares y las dos comitivas pasaron al despacho presidencial. Estaban el jefe de Gabinete; el ministro de Economía, Roberto Lavagna; el canciller, Rafael Bielsa; el ministro de Planificación, Julio De Vido, y el embajador Carlos Bettini. Por el lado español, entraron los ministros Montilla y Miguel Angel Moratinos (Asuntos Exteriores); el asesor económico Miguel Sebastián; el secretario general de la Presidencia, Nicolás Martínez, y el embajador Carmelo Angulo Barturen.
De la emoción, Kirchner derramó un florero sobre la mesa mientras se acomodaban los invitados. Había agua por todos lados.
Una hora y media después volvieron al Salón Blanco. Les tocaba hablar. “Estoy muy agradecido por la comprensión y el apoyo”, dijo Kirchner, mirando hacia su invitado. Zapatero largaría luego una lista de elogios y promesas. Se despidieron con un abrazo sonoro, como si no fueran a volver a verse al rato para la cena de honor. “Estás en tu casa”, le dijo Kirchner al despedirse.
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