ZAPATILLAS SIN PUNTAS
Hace tiempo que los analistas de las artes escénicas en general y los de la danza en particular sostienen que el futuro está en el movimiento como forma de expresión, dado que las estéticas ya conocidas son atravesadas permanentemente por la experimentación.
Desde hace décadas, la formación del artista ha dejado de ser específica para derivar en lo integral. Cada vez es más contundente la idea de capacitarse en varias disciplinas artísticas. El movimiento del cuerpo va acompañado de la técnica vocal y el entrenamiento actoral. No son puntos aislados sino que convergen en un todo que hace a la riqueza expresiva.
Isadora Duncan reclamaba en su momento que la danza fuera en búsqueda del teatro porque ella había estudiado la Grecia arcaica y sabía que el primer espectáculo que existió y que es la base de nuestra percepción teatral occidental es un espectáculo compuesto por tres artes de la representación: la palabra, la música y la danza propiamente dicha.
Fue Pina Bausch quien en los 70 asigna el nombre de dance theatre para nombrar sus propias producciones. Se trata de una estética híbrida que combina el teatro con la danza, donde la iluminación y sonorización también ocupan un lugar preponderante. En algunos casos, el disparador es el texto; en otros, la música; también puede ser la narrativa dramática o una realidad social concreta, pero todos convergen en el movimiento.
Citando a Jochen Schmidt, “el denominador común de la danza teatro se define por lo que le falta, por no tener un estilo escolar. Al desprenderse de las reglas, cada autor hace de su propia obra un mundo diferente”. Su eje de trabajo es la investigación del movimiento en dirección a una síntesis de lenguajes que logre alcanzar a la danza, el teatro y la música. No se trata de un cúmulo cuantitativo sino de una interrelación de disciplinas, siempre teniendo en cuente en el horizonte que el punto de partida es la danza.
El cruce entre la danza contemporánea y el teatro está presente, ya sea desde el roce sutil entre ambas disciplina o a través de una interrelación más intensa. Este cruce se originó por una necesidad: así como la danza desde principios del siglo XX intentó restituir la unidad expresiva que conformó en sus inicios junto al teatro, por la misma época también el teatro buscó desarrollar el gesto físico y la sincronización.
En su visita a Santa Fe, la crítica de danza y teatro Cecilia Hopkins aseguró que “la danza ha ido cambiando: ya no se eleva en zapatillas de punta o mediapunta, sino que hay mucho más piso. Hay una danza mucho más contundente que se nutre de ritmos callejeros, como puede ser el rap, que tiene incidencias en las artes marciales”.
Por la existencia de la danza teatro, no deja de existir el ballet clásico ni neoclásico. “La danza teatro hace su vida, conquista otros territorios, pero todo lo que hubo antes sigue con puntas y tutú, son cuestiones totalmente diversas. La danza académica no va a tener fin, tiene sus públicos y sus interpretes”, destacó Hopkins.
Grupo La Fronda, por caso
Ars Higiénica es el nombre de la obra del grupo La Fronda. Un ejemplo claro de cuando el teatro va al encuentro de elementos que tradicionalmente pertenecen a la danza. El ritmo está dado por la oralidad del texto, el trabajo minucioso con los objetos y la sincronización del movimiento son las claves de esta puesta.
Así, la pieza de Zorzoli -que fue seleccionada para participar en el 4º Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires en 2003- representa el texto de Manuel Antonio Carreño, para quien “las costumbres domésticas, a fuerza de la diaria y constante repetición de unos mismos actos, llegan a adquirir sobre el hombre un imperio de todo punto irresistible, que le domina siempre, que se sobrepone al conocimiento especulativo de sus deberes, que forma en él una segunda voluntad y le somete a movimientos puramente maquinales”.
A partir del dictamen de la norma, la obra tiene más que ver con el teatro a pesar de que ese mismo texto provoque una coreografía dinámica. Es un muestreo obsesivo por pensar cada movimiento con su funcionalidad.
Producción local
“Estoy como puedo” es la última producción del grupo Res, dirigida por Juan Martín Berrón. Esta obra invoca el lenguaje de la danza teatro, tomando como eje temático a la vida cotidiana de un matrimonio perteneciente a la golpeada clase media argentina.
Aparecen de esta manera contenidos dramáticos claramente identificables a partir de la utilización del espacio y las secuencias temporales de la puesta. La música no es utilizada a manera de patrón que guía los movimientos rítmicos del cuerpo sino como sonido ambiente, como elemento para crear ciertas atmósferas interpretativas. El equilibrio entre la música, el texto y el cuerpo, permiten que se fundan en una obra que da cuenta de indicios de una búsqueda hacia que apunta a la danza teatro.
Así, no es azaroso que en su ficha técnica cuente con el entrenamiento teatral de un reconocido actor santafesino como lo es Julio Beltzer. El tiempo y espacio concebidos con una mirada teatral, sin poner sobrevalorado al movimiento corporal sino como base para transmitir los sentimientos que deambulan en la obra.
Al referirse a la obra de Hopper, Miguel Grattier sostuvo en El Litoral del 18/3/1991 que “… la vida de la clase media se acomoda en cada uno de estos planos como uno más, como en una suerte de diseño equilibrado, correcto, funcional, y discreto. Este matrimonio, pareja o amigos, bien podría tener sus hijos en el colegio o en la universidad, o bien podría no tenerlos. Las circunstancias parecen darse de la misma manera: en las de un orden, una planificación y un cierto bienestar o confort, imposible de alterar, y por ello mismo, trágico…”.
“Estoy como puedo” se presentará en el Santafesino de Danza y Teatro que organiza la Dirección de Cultura de la Universidad Nacional del Litoral y que se llevará a cabo del 24 al 27 de noviembre en la Sala de la Casa de España (Rivadavia 2871).
Intervención Urbana: más cruces
En el V Festival Internacional de Buenos Aires, se inauguró una nueva sección llamado Proyecto Cruce. Se convocaron a creadores de distintas ramas del arte para presentar proyectos performáticos, instalaciones e intervenciones urbanas en espacios no convencionales. Así, una plaza, un pasaje céntrico, un edificio histórico y un cementerio perdieron su funcionalidad original y se convirtieron en escenarios.
Se genera así, un espacio de intersecciones, de encuentros, choques y combinaciones entre el teatro, la danza, la música, la literatura, las artes plásticas, y, también, las nuevas tecnologías que, unidas al teatro, han generado una propensión cada vez más fuerte a mezclar y mixturar textos, luces y arte digital.
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